Porteñadas

Seminario: La mujer en la historia


A partir de Abril de este año, coordinaré el seminario "La mujer en la Historia"

Está dirigido a afiliados al Pami y a otras personas interesadas en los temas históricos. Se llevará a cabo, gratuitamente, los martes entre las 15 y las 18 Hs, en Comunarte: Castro Barros 236, Caba.


Este taller pretende abrir un espacio de reflexión, un semillero de interrogantes, un ámbito donde la duda será bien recibida.


¿Quienes somos las Mujeres? ¿Lilith, Palas Ateneas, Psique, Pandora, Ifigenia, la Pacha Mama? ¿Quien nos asimiló a esas figuras? ¿Fueron los varones? ¿Y nosotras, qué hicimos? ¿Las aceptamos o no rebelamos? ¿Nuestro papel fue, de verdad, subalterno en la historia?

Te invitamos a que te acerques a reflexionar, a aportar tus pensamientos, a fascinarte con los mitos, leyendas y hechos que jalonan esa búsqueda. (más)


Purmamarca

Purmamarca, Jujuy, Cerro de los 7 colores.
Fotos tomadas en octubre de 2011

La vida espera a vuelta de la esquina



Lucho encontró un hogar.
Fue gracias a la acción de Sergio Setaro, que luego de varias peripecias, Lucho encontró una familia definitiva.
Está luchando ahora por adaptarse, después de tantos cambios y tantos sufrimientos.Gracias a Sergio en nombre de todos los que queremos a los animales y en especial en el de Susana y mío.

Un SOS para LUCHO

Lucho es un perrito de unos dos años, según dijo el veterinario que lo atendió.


Fue encontrado hace aproximadamente un mes, en el barrio de Boedo, temblaba frente a una casa y, mostraba hábitos de haber tenido un hogar.

Unas buenas personas lo recogieron hasta reencontrarlo con la familia, lo que no pudo concretarse, como ya tienen otros animalitos, les resulta imposible continuar alonjándolo.

Buscamos una familia para Lucho, que es un pichicho educado, mediano, limpísimo, amable, juguetón. Está sanito y lleno de amor para dar a quien quiera recibirlo.

Si hay alguna persona que lo deseara como amigo, pero no pudiera mantener su alimentación, hay una solución para eso, porque alguien se haría cargo de sostenerla.

Si ninguno de Uds. puede recibir a Lucho, les ruego que hagan circular este mail entre sus conocidos, para tratar entre todos que encuentre un lugar para vivir y gente para hacer feliz con su amor.

Si tienen blog, página, o facebook, les pediría también que se sumen, difundiendo este pedido.

Si alguien quiere adoptarlo escríban a

dicesareana@gmail.com

o a


Mil gracias.

Encuentro del 2 de agosto 2011 - Días de Archivo


Agosto trajo cambios a nuestra vida en el taller.


Ya desde la semana anterior al encuentro del 2 de agosto veníamos trabajando en los Archivos históricos de Buenos Aires, para cumplimentar de manera erudita el tema que habíamos elegido para presentar en el Congreso. Así que en la reunión que nos correspondía el martes, en lugar de encontrarnos como siempre en Comunarte - Castro Barros 236 - CABA, estábamos sumergidos en legajos, papeles y polvillo.

Fue una experiencia singular para aquellos que por primera vez se acercaron a esa rutina de los historiadores, de calzarse los guantes y pasar los viejos papeles donde suponemos nos espera ese documento que se convertirá en punta de lanza.



Farmacia La Estrella



La farmacia La Estrella es un imperdible para los porteños curiosos y los nostálgicos.

Hubo otras farmacias en la ciudad que mantenían ese estilo cautivante, con sus muebles de maderas nobles, repujados; sus frascos de vidrios amarronados, los ornatos variados: molduras en los cielorrasos, cristalerías biseladas, gabinetes misteriosos.

Recuerdo las que supieron estar en la esquina sudeste de Belgrano y Sarandí, aún en pie en la década del 70; en la nordeste de Boedo y Cochabamba, que casi llegó a los 80 y, en Corrales a metros de Lisandro de la Torre; pocos o ningún testimonio fotográfico habrá quedado de ellas. Afortunadamente, La Estrella, se conserva intacta, en la esquina de Alsina y Defensa, en los bajos del Museo de la Ciudad.

Su historia se inicia antes de nuestra independencia, y es prácticamente desconocida. Un artículo de Caras y Caretas del 20 de octubre de 1900, cuando la farmacia se mudaba a su actual ubicación, nos cuenta como se inició.

A comienzos del siglo XIX, un botánico y químico italiano, llamado Pablo Ferrari, encargado del Museo de Historia natural del Convento de Santo Domingo, fundó una droguería que instaló en Defensa 415, sin imaginar siquiera cuanto tiempo y con que elegancia lo sobreviviría. Hacia 1838 la traspasó a Silvestri Demarchi,

La farmacia La Estrella es un imperdible para los porteños curiosos y los nostálgicos.

Hubo otras farmacias en la ciudad que mantenían ese estilo cautivante, con sus muebles de maderas nobles, repujados; sus frascos de vidrios amarronados, los ornatos variados: molduras en los cielorrasos, cristalerías biseladas, gabinetes misteriosos.

Recuerdo las que supieron estar en la esquina sudeste de Belgrano y Sarandí, aún en pie en la década del 70; en la nordeste de Boedo y Cochabamba, que casi llegó a los 80 y, en Corrales a metros de Lisandro de la Torre; pocos o ningún testimonio fotográfico habrá quedado de ellas. Afortunadamente, La Estrella, se conserva intacta, en la esquina de Alsina y Defensa, en los bajos del Museo de la Ciudad.

Su historia se inicia antes de nuestra independencia, y es prácticamente desconocida. Un artículo de Caras y Caretas del 20 de octubre de 1900, cuando la farmacia se mudaba a su actual ubicación, nos cuenta como se inició.

A comienzos del siglo XIX, un botánico y químico italiano, llamado Pablo Ferrari, encargado del Museo de Historia natural del Convento de Santo Domingo, fundó una droguería que instaló en Defensa 415, sin imaginar siquiera cuanto tiempo y con que elegancia lo sobreviviría. Hacia 1838 la traspasó a Silvestri Demarchi, que fue el primer cónsul italiano en la Argentina. Éste supo trasmutarla de un depósito de hierbas y de sanguijuelas, como dice la misma revista, a la droguería más importante de América del Sur. A su muerte en 1854, la administración quedó en manos de sus hijos Antonio, Marcos y Demetrio Demarchi, que abrieron sucursales en Montevideo, Rosario, Córdoba y San Nicolás de los Arroyos.

Los Demarchi, estaban vinculados a otras importantes empresas, como la Compañía Primitiva de Gas, el Banco de Italia y Río de la Plata, la Compañía de Seguros La Estrella, la primera fábrica de hielo de Sudamérica y a otras tan destacadas como las anteriores, baste decir que en 1864, Demetrio Dermarchi, inició las operaciones de Bagley.

Justamente, Demetrio se distinguió durante la epidemia de fiebre amarilla, por su espíritu solidario, el que le valió una condecoración del gobierno italiano. Para 1898, la farmacia era de exclusiva propiedad de su hijo Marcos, que organizó la Droguería La Estrella, y la dejó en manos de Soldati, Craveri y Tagliabue, antes de viajar a Europa donde se dedicó al estudio de las ciencias naturales.

La Estrella, era mucho más que la conocida esquina. Las principales instalaciones se distribuían por diferentes zonas de la ciudad. Entre ellas:

La Droguería del Indio en Rivadavia 1511. La Fábrica en Hipólito Yrigoyen esquina Saavedra que empleaba 60 personas. La oficina química, donde se ensayaban todos los productos recibidos del exterior y nuevas fórmulas aplicables a la salud, a la industria y al comercio. El taller, de enormes dimensiones donde se fabricaban las pastillas medicinales, comprimidas, la Emulsión Dixon, el Citrato de Magnesio muy usado. La sección de productos químicos donde se preparaban las sales de mercurio, yodo, plata, se elaboraban los vinos medicinales, entre ellos el afamado Vino de quina. La sección litografía donde se imprimían y fabricaban las cajas que se usarían en el comercio. La estufa a Vapor donde se hacía el alambique concentrador al vacío, extractores y filtros para la elaboración de aguas medicinales, jarabes, éter sulfúrico, cloroformo.

La sección Pulverización. La sección de Específicos para ganaderos y agricultores, donde se producían los polvos Star, Hormiguicida Donner, Veneno Donner para preservar los cueros de la putrefacción. La preparación de medicina antiséptica y aséptica que vendía de cuarenta mil a cincuenta mil paquetes mensuales de algodón, gasas y vendas.

El depósito de inflamables en la calle Azara 270. El Depósito en Paseo Colón 1369, las caballerizas en la calle Balcarce 630 . La Óptica y fotografía que se abriría en el local de Alsina 429.

La Estrella se instaló sin medir en gastos de confort. Era y continúa siendo, una verdadera obra de arte. Las obras de ingeniería fueron encargadas a Domingo Taglioni, los muebles de nogal macizo importado de Italia, fueron construidos por Ponti y Melli. Las pinturas las realizó Luis Demarchi, en cuanto al medallón del cielorraso y los dos cuadros que representan a la química y la botánica, fueron hechos por Carlos Barberis. El piso de Pargnet salió de los talleres de Giambattistelli.

Fue y es un espacio para dejarse hechizar.


que fue el primer cónsul italiano en la Argentina. Éste supo trasmutarla de un depósito de hierbas y de sanguijuelas, como dice la misma revista, a la droguería más importante de América del Sur. A su muerte en 1854, la administración quedó en manos de sus hijos Antonio, Marcos y Demetrio Demarchi, que abrieron sucursales en Montevideo, Rosario, Córdoba y San Nicolás de los Arroyos.

Los Demarchi, estaban vinculados a otras importantes empresas, como la Compañía Primitiva de Gas, el Banco de Italia y Río de la Plata, la Compañía de Seguros La Estrella, la primera fábrica de hielo de Sudamérica y a otras tan destacadas como las anteriores, baste decir que en 1864, Demetrio Dermarchi, inició las operaciones de Bagley.

Justamente, Demetrio se distinguió durante la epidemia de fiebre amarilla, por su espíritu solidario, el que le valió una condecoración del gobierno italiano. Para 1898, la farmacia era de exclusiva propiedad de su hijo Marcos, que organizó la Droguería La Estrella, y la dejó en manos de Soldati, Craveri y Tagliabue, antes de viajar a Europa donde se dedicó al estudio de las ciencias naturales.

La Estrella, era mucho más que la conocida esquina. Las principales instalaciones se distribuían por diferentes zonas de la ciudad. Entre ellas:

La Droguería del Indio en Rivadavia 1511. La Fábrica en Hipólito Yrigoyen esquina Saavedra que empleaba 60 personas. La oficina química, donde se ensayaban todos los productos recibidos del exterior y nuevas fórmulas aplicables a la salud, a la industria y al comercio. El taller, de enormes dimensiones donde se fabricaban las pastillas medicinales, comprimidas, la Emulsión Dixon, el Citrato de Magnesio muy usado. La sección de productos químicos donde se preparaban las sales de mercurio, yodo, plata, se elaboraban los vinos medicinales, entre ellos el afamado Vino de quina. La sección litografía donde se imprimían y fabricaban las cajas que se usarían en el comercio. La estufa a Vapor donde se hacía el alambique concentrador al vacío, extractores y filtros para la elaboración de aguas medicinales, jarabes, éter sulfúrico, cloroformo.

La sección Pulverización. La sección de Específicos para ganaderos y agricultores, donde se producían los polvos Star, Hormiguicida Donner, Veneno Donner para preservar los cueros de la putrefacción. La preparación de medicina antiséptica y aséptica que vendía de cuarenta mil a cincuenta mil paquetes mensuales de algodón, gasas y vendas.

El depósito de inflamables en la calle Azara 270. El Depósito en Paseo Colón 1369, las caballerizas en la calle Balcarce 630 . La Óptica y fotografía que se abriría en el local de Alsina 429.

La Estrella se instaló sin medir en gastos de confort. Era y continúa siendo, una verdadera obra de arte. Las obras de ingeniería fueron encargadas a Domingo Taglioni, los muebles de nogal macizo importado de Italia, fueron construidos por Ponti y Melli. Las pinturas las realizó Luis Demarchi, en cuanto al medallón del cielorraso y los dos cuadros que representan a la química y la botánica, fueron hechos por Carlos Barberis. El piso de Pargnet salió de los talleres de Giambattistelli.

Fue y es un espacio para dejarse hechizar.



© Ana di Cesare

Un "Amistad" en el Río de la Plata


A las peripecias del barco negrero “Amistad”, las conocimos de la mano de Steven Spielberg.

En América del Sur, tuvimos nuestra propia “Amistad”. Me enteré de la historia, gracias a un dato de Alyxandria, que lo había leído en una novela “histórica”. Según su autor, una mujer había comandado el amotinamiento… Ese escritor sostenía que había leído el documento que validaba sus dichos, en el AGN(1). Para mí fabulaba, porque un suceso semejante, el de una “capitana negra del mar”, no se escaparía a otros historiadores, así que lo rastree.
Si bien no hubo mujer alguna, se trató de un acto que vale la pena recordar.


El 10 de diciembre de 1800, Ignacio de Santiago Rotalde, importante vecino del Perú, se despertó recordando que su “San Juan Nepomuceno de Lima”, estaría zarpando de Montevideo. Estaba orgulloso de su barco, y aunque el trayecto al Callao suponía un largo viaje envolviendo toda la América del Sur, confiaba en que el capitán Anselmo Ollague lo llevaría sin contratiempos. En sus ojos brillaban los filones de oro y de plata que el término del viaje le reportarían.

Transportaba un cargamento variopinto: ropas, sebo, cera, alquitrán, aceites y 70 “negros” de diferentes naciones, aunque la mayoría eran moros del Senegal.

El propietario se equivocaba, no volvería a ver a su portentosa nave. La noticia de su destino, la dio a conocer la “Gazeta de Filadelfia(2) , que reprodujo lo que la tripulación de un barco senegalés le contara a los vecinos del puerto de Salem.

Según este periódico el viaje del San Juan Nepomuceno, había corrido una suerte inesperada. Desde luego, ésta no vino de la mano del sebo, sino de la de esos “negros”, “que aunque muchos de ellos estaban sentenciados por delitos varios, gozaban de libertad de movimientos en el barco, por lo que los traficantes no los custodiaban”. (ya sabemos todos como miente la prensa)

La proa llevaba ya una semana partiendo los mares en dirección al sur.

Los esclavos, que todo lo habían perdido menos la esperanza, dieron vuelta la taba.

A la una de la tarde del 17 de diciembre, aprovechando que la tripulación dormía la siesta, el esclavo Antonio, mozo despierto de 30 años que había sido carpintero de buque, elegido “comandante en jefe “ por sus compañeros, dirigió el amotinamiento.

Según el periódico, “Hirieron en el pescuezo al Capitán”, y mataron a cuatro oficiales. Antonio explicó al resto de los embarcados que no los dañarían, ellos solamente pretendían su libertad, propusieron a los marineros que navegaran rumbo a Senegal, que nada temían que temer, sus vidas serían respetadas y se les trataría bien.

No albergaba el ánimo de los esos hombres la venganza, porque al día siguiente cuando toparon con un pequeño barco español que se dirigía a Lima, transportaron a él al Capitán Ollague, al escribano y a otros 24 marinos. Reteniendo a Joseph Petre, para que condujese el navió.

El viaje fue penoso.

Nunca conoceremos todas las peripecias sufridas. Un viaje entre Canarias y Montevideo llevaba 61 días de navegación, sin embargo, ellos navegaron durante 5 meses, luchando contra los vientos y el escorbuto que se llevó a 24 de los amotinados. Al cabo de ese tiempo, tocaron “San Nicolás” en las Islas Verdes, para aprovisionarse. Desembarcaron al oficial y a otros 20 españoles a fin de que buscaran ayuda entre los suyos. Petre convenció a Antonio para que bajara con él. La traición estaba tendida.

Las autoridades de la isla, hicieron un plan de ataque para capturar al barco que había quedado a tiro de cañón de la fortaleza.

Apenas empezado el fuego, otro esclavo tomó el mando de Antonio. Se trataba de un hombre valiente y tozudo al que Antonio había designado como segundo al mando: el senegalés Lara.

Este hombre hizo picar el cable y huyeron al mar. A los 12 días llegaron a la rada de Senegal, entraron con bandera española, y saludaron al castillo con 11 cañonazos que fueron respondidos.

El jefe Lara, bajó a tierra con todos sus compañeros que habían sobrevivido, entregó el barco al gobernador, y pidió la libertad.

El San Juan Nepomuceno era una nave de más de mil toneladas, trasportaba 30 piezas de artillería de calibre de a 12, se lo remató públicamente con toda su carga, según disposición de aquel gobierno, con beneficio a su propietario. A la tripulación española se le otorgó permiso para ir a donde quisiere.

A todo hombre de bien, le gustaría pensar que Lara y sus compañeros se internaron en sus tierras, reencontraron familia, y vivieron de acuerdo a sus determinaciones.

El periódico no les dedica un párrafo… O sí, todo está dicho, aunque a nosotros nos cueste comprender… “Se lo remató públicamente con toda su carga”.

Si el decidido Lara y los suyos conservaron la vida, regresaron a América a cumplir el trágico sino de la esclavitud.


(1) AGN . Archivo General de la Nación
(2) La especie que en nuestra ciudad fue recogida por el Telégrafo Mercantil el 16 de diciembre de 1801