ADIOS KIOSQUITO - San Juan y Boedo, mano sureste



Los objetos se transforman en una suerte de amigo, a fuerza de verlos un día y otro.

Por eso hoy, me apenó profundamente, ver el kiosco de flores, de la esquina sureste de San Juan y Boedo, de cabeza en un volquete.

Creo que en los 30 años que llevo viviendo en este barrio, estuvo como un testigo de los cambios urbanos.



A sus dueños, los recuerdo de pasar frente a él, porque no me gustan las flores cortadas. Él era un hombre de aspecto hindú, que encendía sahumerios. A la mujer la tengo desdibujada, pero creo que por San Juan hacia el este, tenían un pequeño vivero.

Cuento esto, porque es un pedacito de la historia barrial, que se fue. Que quede un registro de su existencia.

Muchos clientes lo extrañarán. Vaya una a saber, que vendrá a reemplazarlo.

La huella de un pequeño espacio que perfumaba la esquina 





© Ana di Cesare

EL COMANDANTE CIRIACO CUITIÑO, PROPIETARIO EN BOEDO

La que fuera la casa de Cuitiño, en Av. Independencia 3549



Hace algunos años, investigando en el Archivo del Teatro Nacional Cervantes, di con un original de Héctor P. Blomberg, que tiene el encanto de las tachaduras, sobre agregados, anotaciones al margen, de quien ha corregido un artículo que acaba de escribir. Desconozco el destino que su autor deseó darle a ese artículo, en el que con gracia cuenta un hecho histórico, relacionado con el barrio de Boedo. Es un placer compartir con Uds. Este escrito del autor de “La Pulpera de Santa Lucía”.

…………….

“Cierto día don Juan Manuel de Rosas, que se hallaba de buen humor a causa de alguna noticia secreta recibida de Santiago del Estero, donde gobernaba su fiel compadre don Juan Felipe Ibarra, le preguntó a su edecán mayor, el General Corvalán, con quien estaba mateando:

- ¿Qué le pasa al comandante Cuitiño, que lo veo con trompa desde hace algún tiempo, Corvalán?-

- El jefe de los Vigilantes a caballo parece que anda algo quejoso, señor.-

- ¿Quejoso? ¿Y de qué se queja el tremendo federal? ¡Hable Corvalán!-

- Anda murmurando que V.E., que últimamente le regaló al general pacheco los campos del Talar, y a mí me hizo el honor y el beneficio de escriturarme el campo de los Alfalfares de Rosas (hoy Belgrano), anda murmurando, repito, que V.E. se olvida de otros servidores más humildes, pero más fieles, que nunca reciben nada más que buenas palabras.-

- Mándelo llamar en el acto- Dijo Rosas, riendo con su habitual socarronería.

Minutos después el temible federal se presentaba ante el restaurador de las leyes.

- Acá estoy para servirlo con alma y vida, como siempre, excelentísimo señor gobernador.-

- Le he mandado llamar para decirle que yo no me olvido de mis comandantes, cuando se trata de recompensar sus servicios a la Federación y a mi persona, comandante Cuitiño… Dentro de ocho días preséntese en la escribanía de Montaña, que hoy mismo recibirá mis instrucciones, y verá como después de los generales Pacheco y Corvalán, usted también tendrá su valiosa propiedad en tierras… Vaya no más comandante.-

A la semana siguiente el insigne mazorquero presentábase puntual en la oficina del escribano Montaña, que era el notario de confianza de Rosas.

- S.E. me dijo, señor Montaña…-

- Sí, comandante… Firme aquí… Esta es la escritura de los terrenos que el señor gobernador le hace por sus servicios…-

Cuitiño empezó a leer y cambió de color. La desilusión y el enojo que intentaba en vano contener hacía temblar su copiosa y renegrida barba.

- ¿Esto es lo que me regala S.E.- gruñó irritado- un bañado lleno de cabras…? ¡ A mí que le sirvo mejor que nadie!-

El escribano lo miraba gravemente.

- Usted lo conoce bien a don Juan Manuel, comandante... Tenga cuidado con lo que dice… Ahora, vaya a tomar posesión de su…bañado…-

Los terrenos que Rosas regalaba, irónicamente, al terrible y envanecido federal era efectivamente un cañadón de aguas estancadas, situado a una legua al sudoeste de la ciudad y conocido, entonces como “el bañado de las cabras”.

Hoy es el rico, populoso y brillante barrio de Boedo.

…………………….

Hasta aquí la nota de Blomberg. Sobre este episodio, se cuenta otra versión, que Rosas ante el reclamo del mazorquero, decidió cederle estos terrenos empantanados, que él conocía bien, pero no Cuitiño. Dicen que éste se montó a su caballo y enfiló rumbo al oeste y, que al legar a la zona que le pertenecía, comprendió la broma que le jugara su amor, no dijo una palabra y comenzó a rellenar los terrenos.

La verdad es que si bien, Cuitiño tuvo tierras en San Cristobal, cuyo limite oeste se recostaba sobre la actual Avenida Boedo, sus tierras, miraban a la mano de Independencia en cuestión. Esa casa, jamás fue de Cuitiño.

Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña, año 1 nro 6, octubre 2004
© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

Joyas de Boedo (uno)

Boedo es un barrio magnífico, lamentablemente, se están demoliendo las hermosas casas que hacían a su identidad.

Las fotos de este video, fueron tomadas hace unos 3 años.
Algunas construcciones quedan en pie, afortunadamente.
Continuan siendo nuestras joyas.



                     https://www.youtube.com/watch?v=gBOJz_cJ9B8&list=UUWoZZAZejj3J9uLXJIqD5bA

Boedo, barrio de teatro

En el barrio de Boedo se dio una situación inigualada en lo que respecta a la magnitud de artistas que produjo, a la difusión que gozaron y, al interés que en ella ponían los boedenses. Así ocurrió con las letras, la escultura y especialmente con el teatro.

Fue paradójico que un barrio obrero del confín ofreciese esta situación. Sin embargo en el seno mismo de esta aparente contradicción está la clave.

El teatro, en ese suburbio porteño, fue engranaje fundamental de su dinámica; enclave anarquista por excelencia, luego socialista, contó con una masa proletaria que fiel a su ideario, sostuvo la difusión de la cultura como medio de superación. Fue así un arte de libertarios comprometido con sus propósitos el que inicia la gran bola de nieve, por la cual las salas de ese rincón del sur estuvieron cabeza a cabeza con las que ofrecían representaciones en el centro capitalino: en cuanto a la calidad de los elencos y al número de puestas en escena.

Sabemos que entre 1910 y 1940, Boedo tuvo un momento de esplendor concentrándose la producción en dos autores: José González Castillo y Florencio Sánchez (1), los cuales daban a luz un teatro que hoy llamaríamos testimonial. González Castillo tuvo la primera compañía porteña en cooperativa y su gloria acrecentó tanto la importancia del barrio que en 1921, cuando un incidente fractura la " sociedad de actores ", la compañía que actuaba en el teatro " Opera " pasa al " Teatro Boedo".


Justamente este teatro se conoció como la " catedral del género chico " (2)


Su origen fue muy curioso; un catalán llamado Jaime Cullen, luego de muchos años de trabajo, reunió el dinero suficiente para levantar una casa de rentas. Pero observando que los boedenses carecían de una sala teatral de importancia, en 1905, mientras los vecinos lo tildaban de loco, demolió el edificio para construir lo que luego sería el glorioso Teatro Boedo ( Av. Boedo 949/ 959). Y en ese teatro alejado de la seguridad del centro, se reunirían cada noche, después de las funciones: Alberto Vaccarezza, Carlos M. Pacheco, Eugenio Gerardo López, Pedro E. Pico, Julio Sánchez Gardel, José Antonio Saldías.


El 21 de julio de 1918, la Compañía de Luis Arata – Brieva , estrenó allí " El tío soltero " de R. Hicken. Siendo así el primer elenco orgánico que dio brillo al género chico. Luego se irían dando cita las compañías de Pedro Zanetta con Samuel Sanda, Felipe Panigazzi, Humberto Zuro, Gregorio Cicarelli, Antonio Daglio, Pedro Pompilio. En cuanto a los actores que allí trabajaron, entre otros María Ester Gamas, Marcelo Ruggero, Félix Mutarelli, Malvina Pastorino, Daniel de Alvarado, Anita Lasalle, Mario Danesi, Juan Bono, Pepe Arias, Juan Daglio, Camila Quiroga, Cesar Ratti, Eva Franco, Mario Fortuna, Osvaldo Miranda, Antonio Cunill Cabanilla, Cármen Vallejo, María Luisa Robledo, Roberto Firpo, Pedro Aleandro, Hector Vozzo, Susy Derqui y Leonor Rinaldi , entre otros .


Obviamente éste no fue el primer teatro del barrio. En Av. Boedo entre Estados Unidos y San Ignacio, en 1901, vio la luz una sala de espectáculos que inició sus actividades con el debut de la compañía española de "Garrido".


En el " Teatro América ", sala plana, sin palcos (Avenida Boedo 819), incursionaron grandes compañías nacionales y extranjeras: la española de Zarzuelas de Garrido, la de Cortés, Carlitos Romeu, Las hermanas Falcón, Felipe Panigazzi, Laurita Hernández con Benito Ronco. Contaba Silvestre Otazú, que en ese teatro, estos últimos actores representaron una revista " Lo más serio es reír ", que simbolizaba la disputa entre " Boedo y Florida ". Lo que marca el nivel del público boedense; barrio donde se había hecho carne a nivel popular una disputa de índole filosófica-literaria . En esa puesta en escena, "Boedo" aparecía representado por un malevo que para encender un cigarrillo, torcía un farol de la calle y "Florida" como un muchacho muy atildado. Ambos suspiraban por el amor de la misma milonguita. La obra terminaba con un disloque general, cuando los actores gritaban "inundación", " Inundación ", en referencia a un problema que aquejaba dramáticamente a esas zonas sureñas de Buenos Aires y que Manzi dejara reflejado también, en su tango " Sur ".


En el solar donde hasta mediados de la década de 1990 estuvo el edificio del cine-teatro "Nilo " (Av. Boedo 1062) (3), había un local de verano, en el cual actuaron elencos nacionales, españoles e italianos, conocido como el "Politeama Doria" . Uno podría pensar que ese terreno estaba destinado al espectáculo, ya que con anterioridad había funcionado allí un circo homónimo, donde se efectuaba lucha grecorromana , que estaba muy de moda . Allí actuó el famoso Luis Gualtieri, que fuera campeón argentino y, que viviera en Agrelo y Maza. Alternaban las luchas con las representaciones de la "Compañía de comedias y sainetes Podestá-Scuri-Mariño".


Era época de circos. La gente ansiaba entretenerse, Buenos Aires, se llenaba de pistas de patinaje, de calesitas, de juegos mecánicos, de escenarios en los que hacían piruetas acróbatas, en los que se veía a un oso bailar, o donde hombres corpulentos entraban en combate. En cualquier lugar espacioso se instalaba uno. Estos circos, fueron la puerta por la cual ingresaron a escena, los pioneros que construirían el gran teatro nacional.


Sabemos por la documentación de primera mano que hemos consultado, que en 1886, Américo Durán, consiguió el permiso de la Intendencia para el establecimiento de un circo que ya venía funcionando en " La Rioja 843 "; conocido como "Arenas", donde actuaba una Compañía acrobática y gimnástica.


En Venezuela y Maza existió hasta fines del 1800, un teatrito de títeres, que luego se convirtiera en el "Teatro-circo de Juan Bautista Chiappe" , cuya dirección llevaba Rafael Angel Comunale. Muchas piezas musicales se estrenaron allí entre ellas, la conocida "Loca de amor", que fue en su época, popularísima .

En Boedo entre Independencia y Estados Unidos, supo estar el "Circo Anselmi". En Av. Boedo y Cochabamba el circo de los "Hermanos Gómez ". Y por 1920 El "Circo internacional " en Marmol entre Estados Unidos y Carlos Calvo.


Corría el año 1917, cuando a este barrio lo transitaban una suma de jóvenes con distintas inquietudes, que se reunían en los cafés, verdaderos ateneos, a escuchar a los maestros, a nutrirse de ellos, a exponer inquietudes, a competir por quien había leído más. Los artistas se mezclaban con obreros de avansada; y como decía el dramaturgo "José Scarano," esas discusiones muchas veces continuaban en el "cuadro tercero del Departamento de Policía ". Boedo era un volcán en permanente erupción, que despedía de sus entrañas hombres nuevos: pensadores, artistas, individuos de acción; en calidad y cantidad inusitadas. Era un polo que atraía a multitudes desde distintos puntos de la ciudad; librepensadores, jóvenes que buscaban una verdad, y la encontraban en los cafés que despedían por sus ventanales la claridad de la dialéctica, y la fe en el género humano, sobre las cuadras grises de Boedo. Fue aquella una época irrepetible... Los había músicos, poetas, pintores, escultores y actores. Entre estos últimos se destacaba uno: alto, bien plantado, cuyo rostro transmitía su fuego interior .


Comenzó actuando en ese Politeama Doria, que era un galpón de techo de chapa y pisos de tierra, pero que apuntaba bien alto en la calidad de lo que allí se representaba y que dirigía nada menos que José González Castillo .


"Pedro Zanetta", que así se llamaba ese muchacho, luego de descubrir el teatro ya nunca abandonó ni esa vocación, ni el barrio, ni una especial ética aplicada a la estética del arte en coherencia con sus ideales anarquistas .


Fue el más grande y querido de los actores de Boedo. Sus condiciones artísticas eran tales, que en apenas cinco años llegó a ser cabeza de compañía en el teatro Boedo, junto a Pedro Pompilio, Pepito Petray, Rosario Serrano, Francisco Chiarmello. Durante casi dos décadas fue la estrella que brilló en el escenario del teatro Boedo, quien solo interrumpía sus temporadas durante las fiestas de carnaval, pues en esas jornadas el teatro se dedicaba al concurso de las comparsas.
Hasta que un mal día el empresario Jaime Cullen, pretendió imponerle a Zanetta que representara una obra que acababa de escribir : "Viaje de los hombres de la Luna a la Tierra". Don Pedro luego de leerla se negó, Cullen insistió argumentando que al fin y al cabo era el dueño de la sala y, palabra va palabra viene, terminó echando al actor.


Un colega tomó su lugar y puesta la obra en escena, al segundo día hubo que sacarla de cartel; dicen que en Boedo jamás se conoció abucheo semejante.

Los vecinos mientras tanto ya habían formado un comité pro-retorno de Zanetta a esa sala; pero la terquedad del empresario pudo más.


Esto marcó el principio del fin de este ilustre intérprete. Habían sido para él muchas horas trajinando las tablas del "Boedo ", como para que el cambio no produjera heridas en su ánimo.


Pasó al Teatro América, pero el trato usurario de su dueño, hizo que solo durara tres meses allí. Actuó en el "Politeama" y en el " Nacional de Comedias", y fue contratado por "Lumiton" para hacer cine, pero no se adaptó; porque este hombre apuesto, muy envidiado por sus éxitos amorosos, extrañaba su gran amor: el barrio y a él volvió rehusando mejor pasar y fama.

Se dedicó a dirigir un grupo de jóvenes de la "Octava Socialista" y fundaron el "Teatro Experimental Florencio Sánchez " en Sánchez de Loria 1194 . Zanetta seguía inquebrantable en sus convicciones, pero con la salud deteriorada.


Su elección había sido dura. El amor a la barriada le restó el reconocimiento merecido que si lograron aquellos que decidieron alejarse la "patria chica", como las "hermanas Ada y Adelma Falcón" , "Enrique García Satur", "Pedro Tocci", "Francisco Chiarmello", "Laurita Hernández" ; incluso una cupletista que hacia 1920 cantaba en Boedo como "Petit Imperio" y se haría célebre en España como "Imperio Argentina".


Él vivía en la miseria en un altillo de la calle Cochabamba y Sánchez de Loria, casi no comía... Su dignidad lo llevaba a rechazar los consejos de amigos fieles como el actor Pedro Tocci o el Dr. Lauro Tidone, quien recomendaba una larga internación en el Hospital Ramos Mejía. Zanetta no quiso cumplirla, deteriorando más su salud. En 1949 volvió a ser internado y, sintiendo que la vida lo abandonaba le dijo a Tocci que ya que no tenía casa propia para morir, lo condujera a la ciudad de La Plata, para hacerlo en la casa de su hermano. Tocci no dudó en complacer a su amigo; pero necesitaba un vehículo, contrató el auto de una empresa fúnebre, se preocupó en disimularlo de tal manera de no impresionar a Zanetta, quien viajó hasta el destino elegido, convencido de que el chofer era un amigo de Tocci.


Antes de iniciar este viaje, que sería el último, todos los muchachos del "Florencio Sánchez" fueron a despedirlo a la salida del hospital y sería en su teatro donde lo velarían días más tarde, mientras todo el comercio del barrio cerraba sus puertas, en señal de duelo. Su barriada no lo olvidaba, reconociendo que él junto a González Castillo eran los que más habían hecho por el teatro en Boedo. Prueba de ello fue que pocos meses antes de su muerte, en noviembre de 1949, se realizó una función a beneficio en el teatro Boedo, representado " El puñal de los troveros " de Belisario Roldán, donde actuaron Iris Marga y Enrique Muiño.

Finalizada la función, la actriz lo visitó en su humilde pieza.

- La esperaba – dijo Zanetta – Necesitaba ese rayo de luz que Ud. me trae.-

Ya que hablamos de Pedro Tocci, diremos que fue un boedense que ingresó al "Colegio Carlos Pellegrini". Todo anduvo bien hasta que una vez la división fue a ver una obra de uno de los profesores de la escuela; al día siguiente los alumnos homenajearon espontáneamente al autor, Tocci fue el encargado de dirigir la palabra haciendo tal panegírico del arte escénico que su profesor le indicó que dejara el estudio comercial y se dedicara al teatro. Así lo hizo iniciándose con Angelina Pagano, Luis Arata y Blanca Podestá.


Otros actores de relevancia en Boedo fueron Enrique García Satur (4) y Mario Fortuna, Francisco Chiarmello, Hugo Díaz, Guillermo Battaglia.

Desde los orígenes en el teatro de Boedo, se destacó el quehacer independiente, que tuvo como función formar actores capaces de ofrecer al público espectáculos de alta calidad a precios accesibles. A la cabeza de estos pioneros, tenemos a González Castillo.


El teatro independiente tuvo una actitud contestataria y en Boedo brilló el "Florencio Sánchez" . La historia comenzó cuando J. Oriente Cavalieri, en 1940, interesó a un grupo de amigos en conseguir otro local para la sede socialista del barrio; la elección recayó en la legendaria casa de Sánchez de Loria 1194, desde siempre relacionada con los movimientos sindicales, políticos y artísticos. Su sótano había sido alternativamente sede de la Federación Obrera del calzado; de los carpinteros, de los lavadores. Entre 1920 y 1923 sesionó el grupo de anarquistas españoles e italiano "Espartacus" , por allí pasaban los famosos Di Giovanni y Scarfó, que fueran fusilados por el gobierno de Uriburu. Para 1926 se reunían los antorchistas, llamados así por seguir las directivas del periódico "La Antorcha" de Rodolfo González Pacheco. Funcionó el grupo proletario "Arte y natura", cuyo repertorio estaba integrado únicamente por obras de autores anarquistas.
Una vez en Loria, tuvieron lugar para Biblioteca, sala de conferencias y para un teatro que pusieron en marcha: Cavalieri junto a Isaías Borestein ( Boris), Mario Rozas, Amadeo Palermo, Juan Literas, Jorge Vizcaíno, Vicente Rocco, Pascual y Luis di Cesare y obviamente Zanetta.


Recordemos que ese teatro fue cuna entre otros del escenógrafo Saulo Benavente, de los actores Carlos Muñoz y Onofre Lovero. Destacamos que Zanetta, antes de morir donó su biblioteca y toda su ropa escénica a este grupo, todo lo cual se perdió cuando la casa se incendió no hace tantos años. Luego de la dirección de Zanetta, estuvieron al frente : Arturo Frezzia, Pablo Palant, Pedro B. Franco, Onofre Lovero, Rubén Pesce.


Es imposible hablar del Tema del teatro y del alma de ese barrio, sin detenerse debidamente en el dramaturgo José González Castillo, quien fuera el gran luchador por la cultura de ese punto sur de la Capital. Había nacido en la Santa Fe en 1885 y, si bien realizó sus estudios primarios en Boedo; luego, su familia que deseaba convertirlo en sacerdote, lo ingresó en un Seminario de Salta, el que por supuesto abandonó.
Volvió desde allí pidiendo albergue en los establecimientos del camino; reuniendo alguna monedas para sobrevivir, pintando letreros exteriores en los negocios. En Rosario puesto a hacer periodismo, trabó amistad con Florencio Sánchez.

Alberto Cortazzo, periodista y antiguo vecino de Boedo, comentaba que González Castillo llegó a tener una peluquería en sociedad con un salteño en Castro Barros entre México e Independencia, negocio al que habían puesto el nombre de "El Figaro". Mientras su socio atendía la clientela, Castillo aparecía a altas horas de la noche, acompañado de los mendigos que encontraba durmiendo en las calles, para que pernoctaran en alguna de las muchas habitaciones desocupadas que tenía la casa. Había hecho del local un sitio de reunión, congregando a discípulos de las distintas ramas del arte. El salteño, obviamente, se quejó a la familia de Castillo y éste ofendido renunció a la propiedad del negocio.


Desempeñó numerosos oficios, entre ellos el de "Oficial de Justicia". El primer deber en éste trabajo, fue el desalojo de unos inquilinos de un conventillo. Fue a cumplir con su obligación, llevando en el bolsillo los cinco pesos que le habían dado para viáticos. Se encontró con un cuadro pavoroso, una mujer enferma cuyo marido desocupado no estaba en casa. Los vecinos lo miraban con desprecio.


Entonces González Castillo propuso :


- Yo tengo estos cinco pesos, los pongo para hacer una colecta y pagar la deuda que esta mujer tiene.- Se fue y renunció a un trabajo que nada tenía que ver con lo que él era.


Entre 1910 y 1914, por razones políticas tuvo que abandonar nuestro país y vivió en Valparaíso. Trabajó como vendedor de vinos para una firma inglesa y se vio obligado a aprender el inglés, que luego le resultó sumamente útil. Mientras tanto trabajó como periodista de un importante diario de un senador, quien presentó e hizo aprobar varias leyes que fueron concebidas y aconsejadas por nuestro compatriota. Además, en medio de su pobreza, se desempeñó como barman, en las afueras de Santiago, oficio del que sabía absolutamente nada. Hacía las mezclas sin ton si son, pero gustaban y pedían las repitiera, cosa que no podía realizar.


De regreso a Buenos Aires, se instaló en San Juan y Quintino Bocayuva. Trabajando como periodista de "Crítica" y como traductor de películas en la "Casa Max Glucksmann". Para ese entonces ya tenía sus tres hijos: Cátulo, nacido en 1901, Hugo y Gema. Con respecto al mayor, existe una anécdota muy graciosa con respecto al nombre; al nacer, Castillo quiso llamarlo "Descanso dominical", de acuerdo a una ley por sancionarse. A lo cual se opuso terminantemente el empleado de Registro Civil; se armó una gran tremolina y un amigo pacificador, propuso el nombre de Ovidio Catulo ( obsérvese que va sin acento ).


La producción de González Castillo es inmensa. Escribió dramas, tragicomedias, zarzuelas, cuentos para niños, monólogos, traducciones, letras de tango, artículos periodísticos. Firmaba a veces como Martín Gla. Llegó a ser junto a Florencio Sánchez un autor de primer nivel y muy popular. La diferencia entre ambos estriba que en mientras en Sánchez hay una mayor fuerza política y una profunda desesperanza, en Castillo hay más fe en el ser humano y se valoriza el amor como luz en el futuro.


Las obras de este autor fueron de auténtica vanguardia. Tenía un corte realista. Hacía una descripción objetiva de la sociedad y poseía un estilo sencillo, de pinceladas recias, con el que llegaba al alma del pueblo. Durante sus treinta años de intensa labor, renegó del arte por el arte mismo, fue consecuente con su creación y valeroso para defenderla. Citaremos entre ellas:"Los invertidos". Se estrenó en 1914. Por su temática sobre la homosexualidad, llegó a ser prohibida por la Municipalidad para evitar escándalos. Es interesante comentar que en 1926 la repone la Compañía de Enrique Orellano en el "Smart" y en 1956 la Compañía de Homero Cárpena. Fue una y otra vez silenciada, hasta que hace relativamente poco tiempo, se la puso en escena en el Teatro San Martín, donde fue un éxito.


"La mala reputación" . También creó problemas, porque debatía la cuestión del divorcio.


"El pobre hombre". Donde tomó la problemática de las alteraciones psíquicas.


"Los dientes del perro". Donde si bien el tema no es innovador, cuando se iba a representar por primera vez en 1918, Elías Allipi, le sugirió a Castillo que dado que el primer cuadro transcurría en un cabaret, se podría colocar la orquesta en escena y no en el foso, a lo cual el autor accedió.
Habló con Roberto Firpo, y el 18 de marzo al estrenarse la obra en el teatro "Buenos Aires", se cantó por primera vez el tango "Mi noche triste" de Pascual Contursi .

Entre los guiones cinematográficos que escribió, figura en 1908 el de "Juan Moreira", "Nobleza gaucha" y otros.


De las letras de sus tangos baste mencionar "Sobre el pucho", "Grisetta" , "Silvando", "El aguacero", "Organito de la tarde" ( que escribiera junto a su hijo Cátulo ). En cuanto a "Sobre el pucho", vale la pena recordar que en 1922, una fábrica de cigarrillos organiza un concurso de tango. Sebastián Piana, que era un muchachito, escribió una pieza instrumental y se la llevó a Castillo para pedirle su opinión. En ese entonces González Castillo que tenía 37 años y al que llamaban "el abuelo", lo aprueba y sugiere el título, ya que el concurso lo organizaba una fábrica de cigarrillos. Piana ganó el segundo premio, y poco después lo grabaría Carlos Gardel.
Cátulo contaba que su padre tenía aptitudes para todo: dibujo, carpintería, artes gráficas, propaganda. Recordemos que entre sus actividades se cuenta como miembro activo en la fundación de la "Universidad Popular de Boedo"; como así mismo la creación de la "Sociedad de Artistas Plásticos". A propósito de ello comentaba el escultor Vicente Roselli, que los plásticos que querían concretarla, estuvieron 10 años discutiendo como hacerlo. González Castillo en unas horas les hizo los estatutos, dejándola formada. Era un excelente padre que jamás estaba quieto y tenía un carácter alegre. Al morir su esposa se tornó triste. La Avenida Boedo se convirtió en su refugio y no hubo café o bodegón que no conociera su presencia. Pasó sus últimos años entre su casa, los cafés y la Peña Pacha Camac. Murió en su casa en 1937, a los 52 años de edad, mientras tomaba mate.


Cuando se descompuso, se mandó a buscar urgentemente al Dr. Julio Cruciani, que era su amigo, al Hospital Ramos Mejía, donde estaba trabajando. Cruciani salió sin sacarse siquiera el guardapolvo, pero cuando llegó era demasiado tarde. Entre Castillo y Cruciani, había existido una gran amistad. El médico solía ir a buscarlo a su casa de Boedo 1058/60 ( dónde se conserva una placa que identifica el lugar ) y comenzaban a caminar por Boedo hacia el norte. Ambos eran personajes sumamente populares, de modo que a medida que avanzaban se les iba uniendo gente y cuando llegaban a la puerta de la Peña Pacha Camac, formaban una pequeña manifestación.

Con respecto a esta Peña, digamos que se fundó en la terraza del café Biarritz, en 1932. Agrupaba a los artistas del barrio. Su finalidad era difundir las artes. Se levantó con el apoyo económico de vecinos y comerciantes. Allí se hizo teatro, se ofrecieron conciertos, se realizaron exposiciones, todo en forma gratuita.

Funcionó en las terrazas del Biarritz ( Av. Boedo ), hasta que la Municipalidad los conminó a desalojar en 24 horas, para construir el Banco Municipal . Continuó funcionando un tiempo en Carlos Calvo 3621, luego en Loria 1536, que fue su último domicilio, cuando desapareció en 1949.
Fueron conferencistas de la Peña Pacha Camac, entre otros: Roberto Artl, Leónidas Barletta, Roberto Castagnino, Alicia Moreau de Justo, Nicolás Olivari, Alfredo Palacios, José Antonio Saldías, Antonio Sassone, Juan José de Soiza Reilly, Roberto Talice, Alberto Vaccarezza, Iris Marga, Enrique Muiño, Fortunato Lacámera, Domingo Maza, Quinquela Martín, Sepucio Tidone, Miguel Carlos Victorica, Saulo Benavente.


Artl escribió sobre ella, que si a la Peña del Tortoni, iba la burguesía, a la de Boedo, iban los pobres, los inteligentes de ese barrio suburbano. No en vano se vendían más libros allí que en toda la calle Corrientes.


Hoy podemos decir que aunque gran parte de su obra haya pasado de moda, escribió un inmenso capítulo de la historia de la literatura teatral argentina.


En 1933 González Castillo ya se había internado en los problemas de "La ilusión de la realidad", adelantándose a los movimientos de vanguardia que hacia 1950 revolucionarían la escena europea.


El publico boedense había recibido una impronta, que comenzó a diluirse cuando en todo Buenos Aires, la televisión se hizo masiva y cambió las costumbres, produciendo una introversión en las relaciones sociales. Pero si el teatro es dar testimonio, Boedo cumplió la premisa.


NOTAS
(1) Florencio Sánchez no era vecino del barrio de Boedo, pero iba casi todas las tardes, desde la pieza donde vivía en Av.Jujuy al 900, para encontrarse con la que luego sería su esposa: Catalina Raventos de Sánchez. La familia de la muchacha, que se domiciliaba a solo dos cuadras del dramaturgo, se oponía a la relación, por lo cual ella fingía visitar a unas amigas que vivían en México y Yapeyú, lugar de la cita de los enamorados.
(2) Piezas teatrales de no más de una hora de duración, lo que permitía organizar varias funciones, hasta 6 por día. Comprendía el sainete, la revista y el vaudeville
(3) El Cine- teatro Nilo, fue el más elegante de Boedo . Cuando dejó de desempeñarse como teatro, funcionó allí una sala de baile y el Hogar Croata. Desde 1995, no existe más, se lo convirtió en un supermercado de artículos electrodomésticos. Las leyes tienen así dos deudas con el barrio de Boedo, ya que donde se demuele un teatro, hay que levantar otro. No pasó con El Nilo, ni con el Boedo, que en la actualidad es un garage.
(4) Enrique García Satur, se había criado en un inquilinato de la cortada Guandacol ,( hoy Pedro Bidegaín ), y 33 Orientales. Su verdadero nombre era Saturnino García. Hoy, todavía , amigos de su infancia, sobrevivientes a los cambios que sufriera Boedo, lo recuerdan en su trabajo como cartero, manteniendo a su familia de origen.

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
Publicado en Enero de 1995
Versión para Internet
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Cafés de Boedo 3ra parte

Yo lo trepé a Boedo
viniendo del cruce con Chiclana¡
Y era muchacho!
Mi barrio de lonjeado cielo
Del bodegón humoso y la cantina gringa
De la murra y la canzoneta nostálgica
Labriega, acaso… “la violeta”
(Julián Centeya)

La pintura que Julián Centeya (1), el “hombre gris de Buenos Aires”, así lo llamaban, hace del barrio en su poema “Boedo”, es entrañable. Él era habitante y habitué de cafés como “La Puñalada”(2), que junto con Homero Manzi y los hinchas de Huracán lo contaba entre sus parroquianos.

En la esquina sudoeste de Boedo y Rondeau, con sus paredes pintadas de azul, este reducto que también se llamó Café de la Paz y Huracán, cuenta con anécdotas innumerables, como la de aquel día en que se suspendió el sorteo de la lotería, dándole a los presentes la excusa para fabricar una ruleta con el ventilador al que ponían en movimiento; al desenchufarlo ganaba el número que quedaba en la hora doce.

Su nombre, según se dice, de debió a un hecho de sangre por polleras (3).

En la actualidad ese local se llama “Gran Sur” y, se habla de un proyecto para rebautizarlo con el nombre de Julián Centeya.Y si trepamos… “Boedo desde el cruce con Chiclana…” (Julián Centeya)En la propuesta del poeta, sólo encontraremos algunos de aquellos viejos cafés remozados para esta época como por ejemplo: en la esquina de Inclán un moderno restaurante reemplaza a la antigua vinería “La Tacita”, donde el vino de Bordalesa era servido en tazas de loza blanca.

Al llegar a Boedo 857 faltará la famosa cervecería “Munich”, en ese lugar, desde un elevado palco las victroleras, con ojos soñadores y movimientos gentiles, daban cuerda a la victrola mientras cambiaban sonrisas con los hombres sentados estratégicamente en el salón.
Allí Azucena Maizani asombraba con su voz de tiple y sus ropas masculinas, audaces para la época.

En la esquina de San Ignacio ya no está “El Trianón”. En su lugar nació el café “Margot”, plasmado con magia parisina en el Buenos Aires al sur, ilusión que movilizó a nuestros poetas de antaño y nos sigue emocionando a los porteños de siempre.

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna
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Cafés de Boedo 2da Parte

La literatura y el arte boedense se acunaron en sus cafés.
Trascendido el límite barrial, ganaron luego un merecido
espacio en el “Olimpo” cultural porteño.

Allá por 1930, a lo largo de seis cuadras, que van por Av. Boedo desde México a Independencia, existían 68 locales donde funcionaban cafés, despachos de bebidas, bares automáticos y confiterías; todos ellos muy concurridos.

Los cafés que eran el lugar de reunión preferido por los artistas y poetas, fueron testigos en muchas ocasiones del drama del autor incomprendido y, de las telas ya jadas de algún pintor sin sala para exponer. Inspirado en esa realidad, González Castillo, el gran dramaturgo y alma solidaria, fundó la “Peña Pacha Camac” en la terraza del “Café Biarritz”, de Boedo 868, el único ubicado en la vereda este de la Avenida. Tenía mesas en la acera y amalgamaba un abanico de parroquianos que iba desde el político al quinielero. Pasando por el poeta, el tanguero, estudiantes que nunca dejaron de serlo, médicos, periodistas, abogados y, otro que otro excéntrico mtemático.

Al amparo de la peña, la cultura encontró el camino para llegar al hombre común; se organizaban exposiciones, conciertos, funciones de teatro, todo con entrada gratuita. Un golpe de la Municipalidad acabó con sueños y concreciones en 24 horas. Ese fue el lapso que se le dio a la Pacha Camac para desalojar la terraza, cuanden1938 la comuna compró el predio para ampliar el entonces Banco municipal.

El “japonés”, propiedad del Sr. Jamahata en Carlos Calvo y Boedo, era un baluarte libertario; reducto exclusivo de los hinchas de “Huracán” y, lugar de reunión de la gente de Editorial “Claridad”. Por su mesa pasó la bohemia de Barletta, Yunque, Tiempo, Castelnuovo y muchos otros que en aquel 1923, premiados en el concurso de escritores jóvenes organizado por el diario “La Montaña”, formaron el “Grupo de Boedo”.

No podemos olvidarnos de aquel muchacho sin trabajo, del jugador de todos los juegos y, del infaltable cantor. Figuras típicas de las noches de café.

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Cafés de Boedo 1era parte

Cuando Boedo era solo un camino recorrido por tropas y carretas que cruzaban alfalfares, quintas, tambos y hornos de ladrillo, las diversiones y el descanso se emparentaban con el hombre de a caballo.

Había por esta zona pulperías como la de Gades, situada en Chiclana y Loria, que tenía canchas de bochas, donde se armaban riñas de gallos y reunión para copas y baraja.

Con la inmigración a esa pampa le nacieron desperdigadas casitas y almacenes esquineros con despacho de bebidas, donde destacaba el estaño.

El tiempo pasó y esos “despachos de bebidas” fueron la cédula madre de los cafés de Boedo, lugar de encuentro para la generación de poetas, escritores, pintores, escultores, políticos, futbolistas e inefables filósofos cotidianos que recorrían las calles del barrio en la década del treinta.

Hubo también, a cielo abierto, glorietas donde se bebía cerveza y podía escucharse a guitarreros, cantares y payadores. “La Aulita”, estaba en Boedo y Carlos Calvo, “La traición” por Colombres y Carlos Calvo. Era época de caudillaje político y solían armarse grescas fenomenales.

Rememorando a Jorge Luis Borges en “La poesía en Buenos Aires”: “Solía concurrir a las largas y apartadas tertulias para ver y escuchar a tipos de la orilla. Andaba por glorietas, recreos y demás lugares de concurrencia de esa clase de payadores y cantores”.

Son pocos los viejos cafés que quedan aún en pie, recordándonos un Buenos Aires distinto.
El café “Homero Manzi”, situado en la esquina Noroeste de San Juan y Boedo. En 1927 se lo conocía como “El Aeroplano”, quizás porque allí nació el vals de Pedro Data, o por el dibujo de un aeroplano en una de sus paredes.

La mitología popular cuenta que en una de sus mesas pegada a la ventana que mira a la Avenida San Juan, Homero Manzi escribió la letra del tango “Sur”. También se dice que entre otros muchos parroquianos, paraba el anarquista Severino Di Giovani.

Con los sucesivos cambios de dueño se llamó en 1937, “Nippon”, en 1948 “Canadian”, hasta llegar al actual y justo nombre.

El café Dante, situado en Boedo 745, era el lugar de reunión de futbolistas y futboleros, todos simpatizantes de San Lorenzo, tal es así que tenía luces azules y rojas que se encendían cuando “El Ciclón”(1) ganaba. Sus jugadores pasaban por el café después de los partidos, donde los esperaba la muchachada del barrio.

En sus mesas sesionó “La República de Boedo” y, también, nació allí de la mano de José González Castillo, la Peña Pacha Camac.

El café “Gran Boedo” estaba en Boedo 819, en su salón se escuchaba música interpretada por orquestas de señoritas, recordamos “La Internacional”, dirigida por Amelia Cruz, y su vocalista Magdalena del Solar.

Este café compartía el local con el teatro América, donde el género era el “Varieté”, precursor de la clásica Revista Porteña.


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Boedo: Las Plazas que no fueron



En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir
los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.
El proyecto de un “Buenos Aires verde”
quedó archivado entre siete planos.



Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.

Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica".Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.

Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento.Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres.Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:

I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión". Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.

II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.

IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.

IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura. Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor.


En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.

Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.



EL PROYECTO EN BOEDO

Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:

1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.

2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.

3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.

4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.

5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.

6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.

7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil

Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.

Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.

La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo Publicado en septiembre de 1994

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Los hornos de ladrillo en Boedo

3 de julio de 2009




Aunque para el imaginario popular Boedo fue barrio de cuchilleros, la verdad es que sus pobladores, lejos de ser diestros con el puñal, lo fueron con la pala, que era la fuente de sus salarios. Boedo estaba salpicado por los hornos de ladrillo.


La foto que ilustra este artículo, nos muestra, justamente, la cocina, de uno de los más famosos, el de Luis Vignole, en Avenida Pavón 3877. La cocina para aquellos obreros era central, allí se reponían las fuerzas con el puchero, la sopa, y las rondas de mate con galleta; que era el menú popular de aquellos tiempos (último cuarto del siglo XIX y comienzos del XX), para todos los días de la semana, con excepción de los jueves y domingos, en que comía guiso de carne con papas.


La peonada libaba los almuerzos con caña, vino y tabaco, que adquirían de un proveedor vecino.

Vignole se había establecido en 1885, cuando Pavón era un camino real, por el que circulaban penosamente los carros y carretas. Tan malo era su estado, que los dueños de los hornos aledaños, le pagaban una cuota al vecino Juan Balestrini (apodado Guanín), para que mantuviera transitable la huella pantanosa.


Además del horno de Vignale, fueron famosos el del vasco Anchón, el de Martín María, el del tuerto Morini, el de Perotti, el de Copatti. Los de Mazola y Estevarena, que fueron los últimos en desaparecer y se hallaban ubicados en Av. Asamblea entre Emilio Mitre y Cuarapaligüe, frente a los “terrenos de la pólvora”, hoy Parque Chacabuco.


La cocina de la foto existió, con seguridad, al menos hasta entrada la década de 1950, sobre un terreno de dos metros de alto sobre el nivel de la calzada, en las que por entonces se conocían como “las lomas de Flores”


Las primeras casas del barrio, que modestos propietarios edificaron sobre los terrenos comprados a mensualidades en los loteos de las viejas quintas de de verdura y montes de fruta, fueron levantadas con los ladrillos de esos hornos.








Documentos:


Solicitudes presentadas a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, para la instalación de hornos de ladrillos en Boedo.



1) 3 de diciembre de 1880. Joaquín Balda pide instalar un horno de ladrillo en el terreno sito en calle Venezuela y Boedo, en la Quinta conocida como “la de Arroyo”. La segunda hoja da una descripción muy interesante del paraje.










2) 25 de junio de 1881. Eduardo Cerviño pide instalar un horno de ladrillo en un terreno de su propiedad, en la calle México, en su cruce con Boedo (aprox), a cuadras al Oeste del Tren de la basura.






3) 25 de febrero de 1881. Ezequiel Gorchitorena, pide instalar un horno de ladrillo en Carlos Calvo (Entonces llamada Europa) y Maza.






4) 11 de abril de 1881. Domingo García, pide instalar horno para fabricar ladrillos en Avenida Pavón y Boedo.






5) 15 junio de 1882. Andrés Maggi, pide instalar un horno en la calle Europa ( Hoy Carlos Calvo) en la que fuera la Quinta de Cuitiño.





Plano 1892 Ampliación Zona Boedo.




En la parte inferior en linea punteada se observa parte del recorrido del tren de la basura.


Calle señalada como:


Artes y Oficios: actual Quintino Bocayuva.

Bayona: actual Yapeyú

Europa: actual Carlos Calvo

Comercio: actual Humberto Primo




© Ana M. di Cesare

Versión para Internet, resumen del artículo publicado en Revista Opus Tango

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