Terreno desproporcionado - La Rioja 932



La Rioja 932, barrio de: San Cristóbal.   Frente al hospital Milstein, creo que se repara en este edificio de una planta, por una mutilación que muestra la casa aledaña.





Impresiona como mucho más angosto de lo que es.






Como si se adivinara la marcada irregularidad del terreno.





Uno más de los frentes que no cumplen con 8,66 metros, que se dispone en nuestra ciudad.



Apenas 4,57 de frente por
62, 80 de fondo.




© Ana di Cesare

Gargolas





Gárgolas o quimeras, son raras avis en Buenos Aires.
Quien mucho caminan mirando, algunas descubre.
Cuando las veo, me recorre una inquietud, ¿Qué intentaba decir el frentista que les dio forma?
¿Qué comunicaba? 
Lo mismo me ocurre con los mascarones. ¿Quienes inspiraron a esas mujeres que nos miran en eterna languidez? ¿Muchachas abandonadas del otro lado del océano, amores imposibles, hijas, apariciones fugaces que retornaban en el cincel?

Estas particulares  gargolitas, las encontré hace unos dos o tres años en Parque de los Patricios, en la calle Alberti  1783. El frente estaba en mejor estado que en este febrero del 2014, en que volví a buscarlas. las fotos que tomé entonces, mostraban detalles, que hoy se perdieron con las reparaciones. Por ejemplo las colas de esos "dragones".
La casa en particular no tiene detalles que preanuncien esas presencias bajo el balcón.
Neoclásica, con elementos eclécticos, nos regala estas figuras.

Si uno las mira desde la vereda que se les opone, parecen simpáticas, sonrientes, burlonas. 
A medida que nos acercamos, cambian la expresión. Si nos ubicamos debajo del balcón impresionan, tal es el horror que traslucen.

¿Cumplirían la función de espantar los males? ¿Serían supersticiones quienes la mandaron construir?

 La casa es de 1902, ¿Cómo saberlo?






16 de febrero de 2014

Remedios de Escalada de San Martín

12 de diciembre de 2008


Remedios, la esposa del General San Martín, falleció en Parque de Los Patricios.

Los Escalada, poseían una quinta en el sur. Durante muchos años se discutió su ubicación exacta, hasta que se precipitaron los datos. Ocupaba los terrenos, y alguna extensión más, del hoy parque Florentino Ameghino, determinado por las calles Monasterio, Santa Cruz, Uspallata y Caseros. Flanqueado por el Hospital Muñiz y la vieja cárcel de Caseros.


Al comienzo de su enfermedad, se la había llevado a la quinta de San Cristóbal, para que recuperara su salud. A fines de julio de 1823, cuando la mujer de 26 años, agonizaba, se la pensó regresar a la casa familiar en las actuales Perón y San Martín, esquina S.O. Pero, se comprendió el sinsentido de someterla a semejante viaje, en pleno invierno y con el pésimo estado de los caminos. Sí, se la trasladó cuando ya había fallecido, el 3 de agosto de 1823, para que sus allegados pudieran asistir al velatorio.


Hasta 1947 se conservaban restos de una tapia y una casa, dando cuenta de la existencia de la quinta.






© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

Resumen de Artículo: Revista Galaxia Porteña, Año 2, Nro 19, Noviembre de 2005

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El tango en San Cristobal

4 de diciembre de 2007




San Cristóbal había sido en su prehistoria una pampa recortada por extensas chacras, que al impulso de la inmigración se subdividieron, acercándose al centro.

Una épica de alegrías y dramas, lo prepararon para el largo dominio del tango.

Quizás se le anticipó la marca de una queja de bandoneón, aquella noche de 1884, cuando en medio de la celebración popular, dos jóvenes y perseguidos amantes, esperaron tomados de las manos, que el arsénico hiciera su efecto.

O cuando la calumnia pegó una estocada mortal al padre Arenas. Un hombre que atravesaba en pleno invierno los peligrosos pantanos de la Av. Jujuy, visitando a sus pobres; o esquivaba las balas, cuando el alzamiento de Tejedor, para asistir a los heridos.

O después, la daga de la Moreira; famosa bailarina del café de la Pichona; vengando al hombre de su vida, aquel mismo que la explotaba.

Fue así, entre los gringos laburantes y nostálgicos, con sus viviendas cargadas de parras y los compadritos con sus pupilas, sus cafés, el relumbrar de sus cuchillos que se tejió su historia.

Mientras, el trencito de la basura avanzaba por la cortada Oruro hacia la quema; se jugaba pelota vasca en la Plaza Euskara; los organitos que alquilaba la llamada " Infanta Isabel ", salían desde la cortada Danel a distribuir el tango; brotaban las academias, los cafés, las casitas de baile, los creadores.

Aún están en pie las paredes exteriores de la casa de María la vasca donde se reunían los despreocupados muchachos " bien " a bailar por tres pesos la hora.



© Ana M. di Cesare

Artículo en Revista de la Universidad del tango.
Versión para Internet

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Las olvidadas

4 de diciembre de 2007



Pintura: Firulete for export. Miguel Varela


El tango apareció en Buenos Aires, a mediados del XIX.


No fue un fenómeno musical que naciera entre los ombúes de La Alameda; ni navegó su ritmo por los Terceros que partían la ciudad avergonzada de ellos; no se refugiaron sus versos procaces en los Huecos de Lorea, ni de la Libertad, ni de Cabecitas.


Dicen que se generó en los burdeles del arrabal. Que comenzó sus requiebros en las carpas de las chinas cuarteleras, cerca de las actuales av. La Plata y Corrales o, en Palermo, cuando el colegio militar se encontraba por esos rumbos.


Allí unas mujeres pardas, mestizas, indias, alguna vez quizás, una blanca; atendían a civiles y milicos. No faltaban las guitarras, el baile, las coplas como antesala del comercio carnal. Pero si los primeros pasos de esta danza marcaron cicatrices en los patios de tierra, sería más tarde en La Boca y en el Dock, donde ser volverían inmortales en sus cafetines, clandestinos y chistaderos.


El desequilibrio entre los sexos que había producido la inmigración, que importaba predominantemente hombres jóvenes y solteros llevó a miles de muchachas a la mala vida.


Fenómeno que tiene sus causas: el pauperismo en el que se vivía; la condena social a que tenía un traspié; los sueldos miserables frente al despilfarro, esplendor y vida alegre de Buenos Aires; y las que cayeron en la trampa de la trata de blancas.


Los historiadores del tango, tienen aún una deuda pendiente para con ellas.


Porque no todas fueron Laura, o María la Vasca, o La Moreira.


Quedaron en el olvido esas pioneras, que despilfarraron sus vidas en un embotamiento atroz; bien documentado en la recopilación de coplas del antropólogo Lehmann Nistche. Ninguna esperanza, ningún atisbo de amor, ni de deseo. Un embrutecimiento existencial.


Ellas fueron las compañeras de los pasos inaugurales, las que inspiraron las primeras letras. Las que cargaron los rótulos de traicioneras y simuladoras. Las que no merecieron una sola palabra de amor.


Queda el reto de indagar, de reconstruir desde la vereda femenina, los orígenes del tango. De recordar a aquellas que sin serlo en apariencia, fueron también protagonistas.


Porque el tango, el tango es cosa de dos.





© Ana M. di Cesare

Artículo en Revista de la Universidad del tango
Vesión para Internet



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