EL MÍNIMO FRENTE DE VIAMONTE 1728






Desde los tiempos de Garay, el frente  de los lotes  en nuestra ciudad se fijó en 8,66 m, claro que entonces se medía en varas.


Puesta en marcha la ciudad, se dieron delanteras más anchas,  de menor amplitud hay menos y pequeñas, una verdadera excepción, muy buscadas por los amantes del urbanismo.




Para que los porteños tengan  idea de un frente estrecho, se cita “la casa del liberto” construida sobre un lote de apenas 2,30 m de frente sobre la cortada San Lorenzo (nro 380)



No es, ni fue la más pequeña, se sabe que por las actuales Medrano y Bartolomé Mitre, donde hoy corre el Ferrocarril, hubo otra que le mataba el punto.



Con Margarita Paroli, hace algún tiempo, descubrimos uno de esos frentes tan buscados en pleno centro: Viamonte 1728. 





Quedamos boquiabiertas. Su fachada de 2m con 99 cm, parece aún más angosta gracias a las dos columnas que adornan la entrada. Había más: el portero eléctrico indicaba 5 pisos y 10 unidades funcionales, mirando a través de los cristales de la puerta, no había más que un pasillo sin fin. Es que muy al fondo, hay unos 100 de fondo, recién  se alza la construcción. 






Aún no hemos investigado como es que existe ese terreno, posiblemente por subdivisión antigua de alguna chacra, o por historias humanas que ponen el encanto a las estructuras de ladrillo.

 
 


© Ana di Cesare

La casa mínima

12 de diciembre de 2008



En la cortada San Lorenzo Nro.380 (San Telmo), se encuentra la casa más angosta de la ciudad, apenas 2,30 metros de frente, que disminuyen hacia el interior a causa de sus gruesos muros de 45 cm de ancho.

Acerca de su origen los historiadores no se han puesto de acuerdo. Para unos, es el residuo que quedó luego de las múltiples subdivisiones que sufrió el predio que en un principio la contenía. Para otros, era casa de libertos.

Cuando los esclavos adquirieron su libertad y, en muchos casos debieron procurarse una vivienda, sus viejos amos, les concedían una pequeña porción de terreno dentro de sus propiedades, para que la edificaran, cuando el liberto fallecía, ésta regresaba a manos del donante.

Esta extraña casa parece haber sido construida hacia 1850. En su mínimo terreno de 13 metros de largo, tiene en la planta baja un hall, patio y cocina; en altos, una habitación a la que se accede por una escalera caracol.

La leyenda cuenta que le perteneció a un esclavo de Urquiza, pero más allá de la realidad histórica y del mito, nos quedamos con las palabras que sobre ella dijera Baldomero Fernández Moreno: “ Más que una casa (…) es una fisura que llenaron de ladrillo y cal para que no se vea el azul del cielo”.


© Ana M. di Cesare
© Galaxia Porteña

Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña, Ano 1, Nro 5, Septiembre de 2004

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