Rosas, Lavalle y el dulce de leche

12 de diciembre de 2008




Imaginemos el invierno de 1829, el 17 de Julio para ser precisos. Unitarios y Federales venían de firmar el pacto de Cañuelas.

Habían quedado temas pendientes y Juan Galo de Lavalle, el apuesto unitario, cabalgó hasta el campamento federal aún en las inmediaciones, para resolverlas con don Juan Manuel. Llegó agotado y como este se demoraba, lo venció la tentación de recostarse en un catre, donde se quedó profundamente dormido.





Juan Galo de Lavalle



Ese catre era el de Rosas, y cuando la multa que preparaba la lechada (leche y azúcar) para el mate de la tropa, descubrió al enemigo durmiendo en el sitio de su amo, fue a buscar ayuda para sacar de allí al intruso.

El caudillo porteño, impidió que despertaran a su hermano de leche (los había amamantado la misma nodriza). Fue entonces que la mujer se dio cuenta que había dejado la leche sobre las brasas, hirviendo suavemente, y que esta se había transformado en una crema amarronada.

Alguien tuvo el coraje de probarla, esos hombres se animaban a cualquier cosa. La cuchara pasó de mano en mano, en medio de aprobaciones. Acababa de nacer el dulce de leche.

Lavalle no se enteró, durmió hasta el día siguiente.



Juan Manuel de Rosas



© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña. Año 1, Nro 2, Junio 2004


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LA BOCA

11 de diciembre de 2007


Según Elisa Calderón, la historia de la Boca estuvo siempre ligada al Riachuelo y aunque en ese rumbo desembarcó Pedro de Mendoza, fue Garay, quien le dio propietario: Alonso de Vera y Aragón, que nunca la ocupó. Hubo que esperar que “ la porteñidad “ creciera, desalojara indios y edificara chacras, para comenzar a verla poblada. En 1810 la exportación de cueros, charqui, crin y sebo, le instaló, almacenes, saladeros y curtiembres. Así comenzó la contaminación de las aguas, que no cedió cuando en 1868 se prohibió esa actividad, porque se aseguraba su continuidad con el petróleo.

Ya en tiempos de Rosas la presencia genovesa, era notable; luego llegarían italianos de toda la península, vascos, bearneses. Finalmente: servios, montenegrinos, turcos, griegos, albaneses, búlgaros, que se fueron desplazando hacia el Dock Sur.

Hacia 1900, en los cafetines musicales del cruce de Suarez con Necochea, comenzaron a alternarse los tanguistas, que solo en La Boca, constituían sus orquestas con guitarra, armónica y clarinete. Fueron evolucionando estos grupos precursores, abriendo el camino para la llegada de los bandoneones de Spósito, Arolas, Greco; más tarde para orquestas canyengues como la de Maglio, que atraían muchachada de todo Buenos Aires, agregando tumulto al ya escandaloso escenario nocturno boquense, según nos testimonió Juan S. Tallon. Esos jóvenes llegaban a los cafés, horas antes que comenzaran las funciones, muchas veces interrumpidas por trifulcas que terminaban en hechos de sangre.

Lentamente La Boca cedió hegemonía a otras zonas de la ciudad y serena ya, generó también a un Juan de Dios Filiberto.




© Ana M. di Cesare

Resumen de artículo: Revista Universidad del Tango

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