Felicitación Asociación Gardeliana

Encuentro esta nota, una de las que solían hacernos llegar de la Asociación Gardeliana, en los tiempos en que teníamos por sede, la vieja biblioteca del Club Mariano Boedo, en Av. San Juan 3545.

Nos las acercaba el Sr. Américo Mezzatestta, secretario de la Hermandad, porque según sus dichos disfrutaban cada artículo nuestro, cuando lo leían en la prensa.

A tantos años de distancia, es una alegría recuperar aquellos momentos y, parece increíble que hombres que habían trabajado con Gardel, tal el caso del cineasta Eduardo Morena,  la firmaran. 





18 de febrero de 2014

Biblioteca Miguel Cané

Los vecinos de Boedo hemos tenido muchos importantes motivos para enorgullecernos:
poetas, escritores, hombres de genio, teatros, cines,
una Universidad Popular, Peñas Artísticas.
De tantos que ayer fueron, subsiste la Biblioteca Cané, en Carlos Calvo 4321.

Muchos de nosotros -los que escribimos esta nota y quienes la leen- estamos habituados a acercarnos a ella, observamos que los concurrentes no son sólo de la barriada boedense. La biblioteca Cané centraliza a lectores que llegan desde la Provincia de Buenos Aires; muchos de ellos se lamentan de no ser vecinos de la ciudad porteña, pues eso les permitiría asociarse a la Biblioteca Circulante, tal es el prestigio que posee.
Aunque haya perdido el esplendor edilicio de otras épocas, nuestra biblioteca nació vigorosa y, su actual vigencia surge de la fuerza de su obra que la constituye en un centro del saber irreemplazable en la ciudad de Buenos Aires. Esto se refleja en las recordadas palabras con que el Intendente Mariano de Vedia y Mitre inauguró su actual emplazamiento el 6 de diciembre de 1935: “Por eso una biblioteca pública es algo más que un instrumento de cultura. Es efectivamente una manifestación de solidaridad, de la cooperación social y, en ese sentido constituye para el estado, llámese Nación, Provincia o Municipalidad, el cumplimiento del deber, y del deber hoy indeclinable” (sic)
Sus orígenes se remontan al 25 de junio de 1926, cuando se ordenó la instalación de Bibliotecas Municipales en los barrios industriales, siendo la primera en establecerse, la que fuera bautizada con el nombre de “Miguel Cané”, en Independencia 3899.
El aumento en la afluencia de público obligó a que la biblioteca se mudara a su actual sede, en la fecha antes señalada. A partir de allí y por algunos años vivió sus mejores momentos; testimonio de ello eran los servicios que prestaba a los lectores en las instalaciones que poseía. En aquella época se puso especial cuidado en lograr que fuera moderna en materia de luz, ventilación y atención para los 600 concurrentes diarios que las estadísticas indicaban (por la ficha que integra cada lector, se sabe que en una jornada excepcional, se registraron 1006).
Instalaciones
En la planta baja, se encontraba el salón de lectura, donde cada lector disponía de un escritorio con luz local y un accesorio que adecuaba la inclinación del libro; los ruidos del tránsito exterior habían sido reducidos con caminos de goma. También ocupaba dicha planta la primera hemeroteca fundada en Hispanoamérica, que recibía diarios y revistas de todo el mundo, con temas referidos a todas las ramas del saber y del quehacer humanos; estas publicaciones permanecían largo tiempo a disposición del público, coleccionándose luego las más representativas de cada país.En pocos segundos, el amplio salón de lectura se podía transformar en sala de actos públicos, con características de acuerdo a las circunstancias; tenía un escenario movible que se ampliaba o reducía de acuerdo a las necesidades, donde se ofrecían representaciones teatrales, proyecciones cinematográficas, conciertos musicales y conferencias. La cuarta dependencia allí instalada, era la oficina de informes, que proporcionaba al público, todo tipo de datos sobre servicios públicos del país y del extranjero.
En la planta alta, alejada de todo ruido, funcionaba una sala destinada a investigadores, que podían trabajar en la biblioteca como si fuera propia. Para 1936 se proyectaba una sala exclusiva para las investigaciones de historia nacional, como así también una conforoteca, donde se reunirían todas las conferencias realizadas en el país. En el mismo piso estaba la biblioteca circulante, que contaba en aquel momento, con 5000 volúmenes que se esperaba triplicar en un año; el movimiento de libros rondaba los 35 a 50 por día. La Dirección de Administración de la Biblioteca, junto a la Comisión Nacional de Bibliotecas ocupaban también el piso alto.
Finalmente en el subsuelo funcionaba la biblioteca infantil.
Servicios
Hoy resultan curiosos, aspectos y actividades que realizaba la Biblioteca Cané en aquellos años.
En las vidrieras, a la calle, se exponían las novedades recibidas.Había una sala de reparaciones, donde se arreglaban y desinfectaban los libros cada vez que habían sido usados.
Personal especializado traducía los títulos de los impresos que llegaban del exterior, pero si algún lector lo solicitaba se realizaba la traducción total del texto.
La Biblioteca aceptaba donaciones por mínimas que fueran, las retiraba del domicilio del donante, quien solo con un llamado telefónico concretaba el trámite.También aceptaba libros en depósito que eran devueltos en perfecto estado de conservación cuando los reclamaba su dueño, no obstante haber sido utilizados por el público. Este servicio era promocionado por la biblioteca.
Todo informe podía reclamarse telefónicamente o por correspondencia, en idioma castellano, alemán, francés, italiano, inglés y portugués. Aún sobre la circulación de medios de transporte de la ciudad.
En 1953, en su cede se fundó la Primera Biblioteca Municipal para ciegos, en la convicción de que las bibliotecas Municipales, debían abarcar a todos los sectores de la población.Hoy han desaparecido la hemeroteca, la sala de conferencias, la sala de investigadores, los pisos de goma, los dispositivos de comodidad de la sala de lectura; pero la Biblioteca Cané, sigue en pie, manteniendo sus dos condiciones esenciales: una importante colección bibliográfica y la esmerada atención de un personal calificado. Como ya hemos dicho, su fama ha trascendido los límites del ejido capitalino, y, para los porteños es la decana de las bibliotecas municipales, para el barrio de Boedo un orgullo tenerla dentro de sus tesoros culturales.
Nuestra permanente concurrencia al lugar para el desarrollo de nuestra tarea, nos convirtió en testigos circunstanciales del tremendo deterioro que la acción del tiempo produjo en el edificio. La Biblioteca estaba injustamente postergada, sufría carencias severísimas, en lo edilicio y estructural. Venía de un período de olvidos, situación que originó la serie de artículos que sobre ella escribimos, a partir de enero de 1993, solidarizándonos y, recordando a vecinos y autoridades municipales, lo que la “Miguel Cané” había significado en la historia y cultura de nuestra ciudad.
A pesar de los problemas, continuaba viva, nos contaba quien era entonces la Jefa de división a cargo de la Biblioteca, Sra. Roselba Martínez de Mac Lean, como la institución continuaba realizando tareas que iban más allá de la mera lectura.
En 1990 cuando Salas era Director de bibliotecas, y Antonio Requeni, padrino de la Migue Cané, se dictaron conferencias, se celebró por primera vez el “día del poeta”; se participó en el programa radial ”Che Buenos Aires”; se recibieron obras de concursos de cuento y poesía. En 1991, también se recibieron obras para el concurso de poesía organizado por la Dirección de Bibliotecas.
En el 93 funcionó la “Hora del Cuento”, donde niños de tres a diez años participaron dramatizando situaciones emanadas de las lecturas, coordinados por un especialista.
También se desarrolló una serie de conferencias sobre “la nueva forma de generar empleo”, dirigidas a adolescentes y público en general, cuya idea partió de la coyuntura socio-económica, que la Argentina vivía en aquellos días.
En 1992 la Biblioteca recibió un promedio diario de 70 a 80 lectores y se solicitaron unos 10 préstamos domiciliarios.
La atención se extendía a los tres niveles estudiantiles, incluyendo la biblioteca infantil para los más pequeños.
A su población general se agregan los investigadores que trabajan, por ejemplo, en sus tesis doctorales; personas muy ancianas que se vuelcan a la narrativa y viejos profesionales que estudiaron en su ámbito y pasan hoy a visitarla con afecto.
Para quienes la frecuentábamos en búsqueda de obras eruditas y específicas, era común asombrarnos ante los hallazgos. Obras de valor indiscutible, que el personal se preocupaba de poner a nuestra disposición con diligencia y actitud profesional.
De su colección bibliográfica se contaban entonces 45.000 títulos. Por su antigüedad son dignos de destacar, “Della eloquenza italiana” de Giusto Fontanini, editado en 1736; “Saggi di disertazioni accademiche” impreso en 1742.
Por otra parte, colecciones de gran calidad en historia del arte, literatura universal, letras argentinas e historia natural.
El nivel de preparación del personal, en aquellos días negros de su historia, era elevado, desde egresados de la carrera de Bibliotecología, estudiantes de la misma y de otras disciplinas universitarias. Recursos humanos, que a pesar de las dificultades estaba siempre pronto a multiplicar los auxilios para satisfacer las demandas.
Elogiábamos a todos, en aquellos días, sintetizándolos en la Srta. Susana Carp, quien siempre puso su erudición a nuestro servicio.Afortunadamente, en los años que siguieron, la biblioteca fue rescatada del olvido y, si bien no regresó a sus tiempos gloriosos, ha recuperado al menos los recursos para operar dignamente, con confort. Hoy, los talleres, las representaciones teatrales, conferencias, etc., se ofrecen, sobre una estructura edilicia adecuada y no en medio de las inundaciones, como ocurría. Nos ha tocado ver en los noventa, como había que correr apresuradamente los libros de lugar para que no los sepultara el agua.
Hay que reconocer al lector, al vecino, el reclamo que hizo posible ese cambio.Un empelado de lujoEntre 1937 y 1946, formó parte del personal, el escritor Jorge Luis Borges. En ese tiempo escribió: “La biblioteca de Babel”, “La lotería de Babilonia”, “La muerte y la brújula”, “Las ruinas circulares”, “Pierre Menard, autor del Quijote”, “Tiön Uqbar Orbis Tertius”. “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Ficciones”. De la misma época son: “antología de la poesía argentina” firmado junto a Bioy Casares y Silvina Ocampo y, notas que aparecieron en las revistas “el Hogar” y “Sur”.
En el anecdotario de la Biblioteca Cané, encontramos el escritorio y el tintero, que según los dichos fueron los usados por Borges, para escribir esa obras. Pero además, como se ayudó en los noventa, a un descendiente del Sargento Cabral a componer la biografía de su antepasado. Que en la década del 60 funcionó en el sótano el “Teatro libre del Oeste”; que en 1964, estuvo Sergio de Cecco con sus títeres.
En Mayo de 1990, Carlos Saura visitó el lugar buscando ambientación para filmar el cuento “Del Sur”. Un grupo del Centro parisino George Pompidou, atraído por el antiguo prestigio de la biblioteca. Concurrió a visitarla. Así como especialistas estadounidenses de la obra de Borges.La biblioteca tiene su cede en Carlos Calvo 4321 (1230) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tel: 4922-0202
© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo publicado en enero de 1993
*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

Boedo: Las Plazas que no fueron



En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir
los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.
El proyecto de un “Buenos Aires verde”
quedó archivado entre siete planos.



Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.

Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica".Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.

Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento.Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres.Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:

I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión". Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.

II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.

IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.

IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura. Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor.


En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.

Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.



EL PROYECTO EN BOEDO

Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:

1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.

2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.

3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.

4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.

5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.

6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.

7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil

Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.

Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.

La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo Publicado en septiembre de 1994

* Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

Festejos porteños por la Visita de Campos Salles

Foto: Obras en la Casa Rosada, para el recibimiento de Campos Salles
Siendo presidente de la República del Brasil, el doctor Manuel Ferraz de Campos Salles (1846-1913), arribó en visita oficial a Buenos Aires en 1900.
Inusualmente para el protocolo las autoridades prepararon un fastuoso recibimiento que fue origen de comentarios que perduraron por más de una década. En florido y brillante estilo las notas periodísticas describían los detalles del acontecimiento.

La llegada de Campos Salles fue un gesto de alta política que alivió el sentimiento preocupado de la población de Buenos Aires dominado por el fantasma bélico, resultante de los conflictos limítrofes existentes, aún sin solución. Esta visita retribuía la realizada el año anterior por el presidente Julio A. Roca a Río de Janeiro, ambas con finalidad de reforzar la concordia internacional.
Lo original de la llegada del presidente M. Ferraz de Campos Salles fue el recibimiento fastuoso, hasta la exageración, que se le brindó aquél 25 de octubre de 1900.La comitiva presidencial lo recibió en el recientemente construido Puerto Madero. Desde donde fue conducido al palacio Devoto que se hallaba en la esquina N.O. de avenida Callao y Charcas, cedido por su dueño a la Comisión de Homenaje, para ser puesto a disposición del mandatario brasileño. El trayecto estaba recubierto de flores y engalanado con arreglos especiales, ordenados por el intendente Adolfo J. Bullrich.
Este suceso motivó la filmación del primer noticiero argentino realizado por el fotógrafo Eugenio Py. Se registraron las principales escenas del desembarco del visitante, y esa misma noche, se proyectaron en la Casa de Gobierno.Los efectos luminotécnicos constituyeron el detalle más sobresaliente de aquella faraónica recepción: los arcos voltaicos y las luces de bengala iluminaban, otorgándole un brillo especial a la flota fondeada en el río. La luz fue el epicentro de la celebración y vehículo del ánimo bullicioso del pueblo.Los árboles de la Avenida de Mayo, parecían plumeros iluminados; la Avenida callao mostraba columnas transparentes con guías formadas por lamparitas eléctricas, revestidas de celuloide con los colores argentinos y brasileños.
En el Palacio del Congreso –aun en construcción- se instaló un poderoso foco que iluminaba en toda su extensión a la Avenida de Mayo. Un dispositivo permitía girarlo hacia el norte y, entonces su haz llegaba hasta el Palacio Devoto donde se alojaba Campos Salles.
El centro de la ciudad recibía la luz de 70.000 lámparas eléctricas y 20.000 antorchas, volviendo imposible el reflejo de sombras en su perímetro. En la Plaza de Mayo, la pirámide fue recubierta por un armazón metálico construido especialmente para sostener las luces que la iluminaban; es el mismo que actualmente se utiliza como jaula para los cóndores en el Jardín Zoológico de Buenos Aires.

En su permanencia de diez días entre nosotros Campos Salles, de seguro encandilado por tanto resplandor debió cumplirun nutrido programa de actos, dentro y fuera de la ciudad. Estuvo en Talar de Pacheco, en el Mercado Nacional de Frutos, en la Exposición Rural Argentina y en la estancia La Martona de Carlos Casares. Asistió a un banquete en la Casa Rosada, a una recepción en el Centro Naval; a la velada de gala en el Teatro Opera y al baile del Jockey Club, que organizó en su honor una carrera denominada: Gran premio internacional. El programa de agasajos incluyó una parada militar, un corso de flores y un desfile de ciclistas.
El boato que el gobierno argentino desplegó para recibir al mandatario brasileño, fue objeto de críticas durante mucho tiempo.Tal es así que doce años después todavía se oían comentarios sobre el vestíbulo rojo, los granaderos de gran gala, pajes, alabarderos, una pomposa marquesina en la escalinata norte de la Casa Rosada que contenía una galería tropical.
Por su impacto en la ciudadanía de aquellos tiempos, quedó fijada, también, la ostentación del ropaje de las damas que lucían “crepe de Chine” brocato, raso, lamé, diademas de brillantes, vinchas de perlas, gasas, tules, etc.La ironía de tanto esplendor imperial, le hizo decir a un cronista en la segunda década de este siglo “¿Qué diablos les costaba haber puesto un ujier? Buenos Aires está lleno de pelagatos que hubieran hecho un buen ujier por sólo dos o tres pesos y una cosa de vino que les diesen al salir”
© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna
Versión para Internet del artículo publicado en Febrero de 1993
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Moda de Playa en el verano de 1914



"Pronto vamos a pensar en los baños de mar y hay que preparar los trajes.

Durante la última temporada europea se han usado mucho las mallas, pero creemos que esos trajes no tendrán aceptación en nuestras playas. Además es necesario ser muy formada: ni demasiado gruesa, ni muy delgada; el menor defecto se nota enseguida, por lo tanto los otros trajes son preferibles.

Para el traje de baño es necesario evitar toda clase de excentricidad; eso no impide tener lindos trajes.

Es difícil de encontrar lindos trajes hechos y por eso recomendamos hacerlos hacer a medida. Aquí damos algunos modelos muy fácil de hacer, sea en casa por una mucama diestra, sea por una pequeña modista.

Los trajes de baño elegantes se inspiran de la forma de nuestros trajes, pero sin complicaciones de forma o de adornos.

La sarga es el género que da mejor resultado; los tres colores más usados son el azul marino, el colorado y la sarga blanca, no hay que olvidarse de forrarla, porque al salir del agua queda completamente transparente, por gruesa que sea.
Se hacen también lindos trajes de baño en seda, pero como se comprende, no duran tanto como los de sarga.

Generalmente los trajes consisten en un calzón y una bata túnica. Los calzones más cómodos se hacen derechos, sin elásticos a las rodillas, que impedirían la circulación de la sangre; se abrochan adelante con un cinturón del mismo género.

El primer modelo de esta página deja ver unos seis centímetros del calzón pero los otros le esconden completamente.

El segundo modelo es muy chic, hecho de sarga azul, en forma Princesa, con un cinturón de seda negra, de la seda especial que se vende para trajes de baño y que soporta muy bien el agua de mar: el cuellito es blanco y los botones de azabache negro. El este modelo no se ve si el calzón del mismo género se lleva abajo.


El tercer modelo consiste en una falda pantalón de sarga colorada y una bata túnica del mismo género, adornada con trenzas de lana blanca. El último traje es de forma Princesa de sarga colorada adornada con soutache blanco; se abrocha en los hombros.


Fray Mocho, 23-12-1914



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo publicado en Febrero de 1993

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