Gargolas





Gárgolas o quimeras, son raras avis en Buenos Aires.
Quien mucho caminan mirando, algunas descubre.
Cuando las veo, me recorre una inquietud, ¿Qué intentaba decir el frentista que les dio forma?
¿Qué comunicaba? 
Lo mismo me ocurre con los mascarones. ¿Quienes inspiraron a esas mujeres que nos miran en eterna languidez? ¿Muchachas abandonadas del otro lado del océano, amores imposibles, hijas, apariciones fugaces que retornaban en el cincel?

Estas particulares  gargolitas, las encontré hace unos dos o tres años en Parque de los Patricios, en la calle Alberti  1783. El frente estaba en mejor estado que en este febrero del 2014, en que volví a buscarlas. las fotos que tomé entonces, mostraban detalles, que hoy se perdieron con las reparaciones. Por ejemplo las colas de esos "dragones".
La casa en particular no tiene detalles que preanuncien esas presencias bajo el balcón.
Neoclásica, con elementos eclécticos, nos regala estas figuras.

Si uno las mira desde la vereda que se les opone, parecen simpáticas, sonrientes, burlonas. 
A medida que nos acercamos, cambian la expresión. Si nos ubicamos debajo del balcón impresionan, tal es el horror que traslucen.

¿Cumplirían la función de espantar los males? ¿Serían supersticiones quienes la mandaron construir?

 La casa es de 1902, ¿Cómo saberlo?






16 de febrero de 2014

Farmacia La Estrella





La farmacia La Estrella es un imperdible para los porteños curiosos y los nostálgicos.


Hubo otras farmacias en la ciudad que mantenían ese estilo cautivante, con sus muebles de maderas nobles, repujados; sus frascos de vidrios amarronados, los ornatos variados: molduras en los cielorrasos, cristalerías biseladas, gabinetes misteriosos.



Recuerdo las que supieron estar en la esquina sudeste de Belgrano y Sarandí, aún en pie en la década del 70; en la nordeste de Boedo y Cochabamba, que casi llegó a los 80 y, en Corrales a metros de Lisandro de la Torre; pocos o ningún testimonio fotográfico habrá quedado de ellas. Afortunadamente, La Estrella, se conserva intacta, en la esquina de Alsina y Defensa, en los bajos del Museo de la Ciudad.


Su historia se inicia antes de nuestra independencia, y es prácticamente desconocida. Un artículo de Caras y Caretas del 20 de octubre de 1900, cuando la farmacia se mudaba a su actual ubicación, nos cuenta como se inició.

A comienzos del siglo XIX, un botánico y químico italiano, llamado Pablo Ferrari, encargado del Museo de Historia natural del Convento de Santo Domingo, fundó una droguería que instaló en Defensa 415, sin imaginar siquiera cuanto tiempo y con que elegancia lo sobreviviría. Hacia 1838 la traspasó a Silvestri Demarchi, que fue el primer cónsul italiano en la Argentina. Éste supo trasmutarla de un depósito de hierbas y de sanguijuelas, como dice la misma revista, a la droguería más importante de América del Sur. A su muerte en 1854, la administración quedó en manos de sus hijos Antonio, Marcos y Demetrio Demarchi, que abrieron sucursales en Montevideo, Rosario, Córdoba y San Nicolás de los Arroyos.

Los Demarchi, estaban vinculados a otras importantes empresas, como la Compañía Primitiva de Gas, el Banco de Italia y Río de la Plata, la Compañía de Seguros La Estrella, la primera fábrica de hielo de Sudamérica y a otras tan destacadas como las anteriores, baste decir que en 1864, Demetrio Dermarchi, inició las operaciones de Bagley. 

Justamente, Demetrio se distinguió durante la epidemia de fiebre amarilla, por su espíritu solidario, el que le valió una condecoración del gobierno italiano. Para 1898, la farmacia era de exclusiva propiedad de su hijo Marcos, que organizó la Droguería La Estrella, y la dejó en manos de Soldati, Craveri y Tagliabue, antes de viajar a Europa donde se dedicó al estudio de las ciencias naturales. 

La Estrella, era mucho más que la conocida esquina. Las principales instalaciones se distribuían por diferentes zonas de la ciudad. Entre ellas: 


La Droguería del Indio en Rivadavia 1511. La Fábrica en Hipólito Yrigoyen esquina Saavedra que empleaba 60 personas. La oficina química, donde se ensayaban todos los productos recibidos del exterior y nuevas fórmulas aplicables a la salud, a la industria y al comercio. El taller, de enormes dimensiones donde se fabricaban las pastillas medicinales, comprimidas, la Emulsión Dixon, el Citrato de Magnesio muy usado. La sección de productos químicos donde se preparaban las sales de mercurio, yodo, plata, se elaboraban los vinos medicinales, entre ellos el afamado Vino de quina. La sección litografía donde se imprimían y fabricaban las cajas que se usarían en el comercio. La estufa a Vapor donde se hacía el alambique concentrador al vacío, extractores y filtros para la elaboración de aguas medicinales, jarabes, éter sulfúrico, cloroformo.

La sección Pulverización. La sección de Específicos para ganaderos y agricultores, donde se producían los polvos Star, Hormiguicida Donner, Veneno Donner para preservar los cueros de la putrefacción. La preparación de medicina antiséptica y aséptica que vendía de cuarenta mil a cincuenta mil paquetes mensuales de algodón, gasas y vendas.

El depósito de inflamables en la calle Azara 270. El Depósito en Paseo Colón 1369, las caballerizas en la calle Balcarce 630 . La Óptica y fotografía que se abriría en el local de Alsina 429. 

La Estrella se instaló sin medir en gastos de confort. Era y continúa siendo, una verdadera obra de arte. Las obras de ingeniería fueron encargadas a Domingo Taglioni, los muebles de nogal macizo importado de Italia, fueron construidos por Ponti y Melli. Las pinturas las realizó Luis Demarchi, en cuanto al medallón del cielorraso y los dos cuadros que representan a la química y la botánica, fueron hechos por Carlos Barberis. El piso de Pargnet salió de los talleres de Giambattistelli.

Fue y es un espacio para dejarse hechizar.





© Ana di Cesare

PARA AFILIADOS AL PAMI - TALLER DE HISTORIA ORAL

Todos tenemos algo que aportar cuando de historia se trata
porque somos sus protagonistas.
Nuestros recuerdos son únicos y deben preservarse
porque constituyen nuestro legado al futuro.




PARA AFILIADOS AL PAMI

TALLER DE HISTORIA ORAL "BUENOS AIRES Y SU VIDA COTIDIANA"


PAMI te invita a participar de un taller de reconstrucción oral de la historia y la vida cotidiana de Buenos Aires.

Un espacio para divertirnos, reflexionar, escuchar y ser escuchados. Para sorprendernos frente a los mapas y documentos, para recuperar voces que se creían perdidas, para dejarnos encontrar por las fotos antiguas.

Para desarrollar un trabajo en grupo, pero no de grupo, porque nuestros aportes editados, pasarán a integrar el acerbo de bibliotecas y archivos.

Con salidas a sitios de interés histórico, recorridos por archivos (esos lugares donde la historia espera) y visitas guiadas por barrios.

Hablaremos de la vida de cuando éramos chicos, de nuestros juegos, de la vereda, del barrio, de la radio y la merienda, de la familia, de las comidas, de los domingos, de los cafés, de la amistad. De los Carnavales, de las fiestas, del tango, del romance. De la escuela, la salud, el trabajo, la vivienda, las supersticiones y las creencias, el rol de la mujer. y de mucho más. También de aquel tiempo que conocemos por el relato de nuestros padres y abuelos, junto con el presente, para ver que tanto hemos cambiado.

Investigaremos en nuestra identidad como porteños o como habitantes de esta Buenos Aires que queremos tanto y tantos rezongos nos arranca.


Martes de 15 a 18 Hs
en
COMUNARTE - Castro Barros 236 CABA

Informes e Inscripción en PAMI 8 -Serv. Comunitario
Av. Belgrano 3880 - 1erPiso TE: 4981-3312/3329

y al 15- 6528- 4222



Desvelos e interrogantes


Dionisia Portes y José Hoys Mallorca juegan a las escondidas con nuestros días desde hace tres meses, cuando nos deslumbró la obstinación con que cumplían sus rutinas en el ojo del huracán.


Nos preguntamos el porqué un historiador tropieza con un legajo y no con otro. Porqué desecha éste y se fascina con aquél.


¿Será que nos eligen para recrear la historia de sus vidas? ¿Seremos las adecuadas para salvar la distancia entre el frío expediente y, esa realidad suya del día a día, que se les volvió una carátula?


José y Dionisia nos miran confiados a través de los casi 110 años transcurridos. Nosotras los vemos menos seguras, con la angustia de quien busca y choca con las absurdas realidades administrativas que se empeñan en mantenerlos silenciados.


Así es nuestro oficio, en ocasiones una gloria, otras un chicle amargo, siempre una aventura.



“El silbato agudo del ferrocarril a vapor, con su nube de humo eleva los deseos de Dionisia de verse hermosa; una dama en el traje hecho por sus manos de costurera; sus anhelos de ser una señora mientras pasea del brazo de José por los atestados cafés de la París de América.


Está muy lejos de Sevilla, es igual, apenas la recuerda. Acá, el marcha al paso señorial de los caballeros, todos con sus bastones, sus sombreros, sus camisas níveas, una de las que él corta con perfección.


Salidas nocturnas, reglas rotas, juegos prohibidos, mientras se impregnan los oídos con el toc-toc parejo de los cascos de los caballos que tiran del tranvía y, los acordes del tango en lo de Hansen.”




©Ana di Cesare y Alejandra Sotelo


La negra Rosa era buena paridora


La negra Rosa era buena paridora. Por la tal se la habían vendido a los Pereyra, que tenían chacras al sudoeste de la ciudad.


Bastaba verle las caderas, ondulando como un barco y los pechos llenos, para saber que daría buena cosecha.


Al ama Matilde poco le gustaba verla rondar por la casa, con esa cintura de guitarra, sabiendo como eran de inquietas las manos de su marido.


Rosa llegó joven, con los ojos grandes, sorprendidos, la palabra tibia y el alma ingenua.


No sabía en que año había entrado a la casa de los Pereyra. Era esclava de la casa y del surco, el día se le iba de la olla a la semilla, así había perdido noción del tiempo, noción que por otra parte no debía interesar a quien no poseía un futuro. No se quejaba, las semanas se achicaban y quedaba un apenitas de tiempo para la nostalgia.


Así como no recordaba las temporadas que llevaba en esa quinta, tampoco comprendía con claridad porque es que los hombres se iban desgranando de a poco, como a un racimo de uvas al que se le fueran cayendo los frutos.


Se iban a la guerra. Las mujeres lloraban, los muchachos alardeaban de un coraje puesto aprueba con las espadas de madera.

Lo que sí sabía, es que los ojos se le habían oscurecido en septiembre de 1811, cuando con cuatro días de diferencia se le murieron María de la Asunción y Domingo, que eran lo único suyo y, todo lo que le quedaba de Faustino, que se había marchado a cumplir con una lucha que no parecía la suya.

La vida iba pasando, las alfalfas, las cebadas, las vendimias. Había encontrado otro amor y, esperaba a un niño, quizá le regresara a los perdidos.

Y le nació en un mes de julio, un mes muy frío. Tan frío que se le congeló el aliento al pequeño José, y Rosa, la negra paridora se quedó con su sangre de parturienta y sus lágrimas y su leche inútil en el pecho hechas un amasijo.

Luego la vida, la recompensó, le trajo a José Isabel, un niño fuerte que berreaba como libre y, era liberto porque las leyes de los blancos así lo disponían.

Rosa cantaba ahora sobre la era, y sacudía las carnes al ritmo de los viejos sones del África, esa que cada vez parecía más lejana.

Ya no era tan joven, o sí, pero no lo parecía, cuando un primero de noviembre, la muerte volvió a tocar a la puerta de la barraca y le arrancó al último hijo que había salido de entre sus entrañas enlutadas.

Era 1819, ya hacían 3 años que el país era libre para los blancos. La negra Rosa continuaba siendo esclava, doblemente, de los Pereyra, y de sus fantasmas, de sus duelos, de su voz que le salía ronca por la garganta fragmentada.

Rosa fue una mujer de su tiempo, una que cumplió con su destino de muertes mientras la patria nacía.


Una historia sin importancia, innecesaria para ser registrada.

Un día esta esclava murió y, seguramente mientras moría, oyó la voz de todos sus hijos llamarla desde la última esperanza y, en una espiral, las canciones de cuna del África que todos los niños, negros y blancos mamaban de los pechos venturosos de sus ayas.

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(Rosa, fue esclava de la familia de Eduardo Pereyra y de Matilde Parodi. La enorme tragedia de su vida puede seguirse por los registros parroquiales de San José de Flores.)


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© Ana di Cesare

Kimi llegó al Teatro Colón




Kimi, el Caniche Toy de la foto, viajaba feliz con sus dueños, en tren.
Ni él ni su familia humana, sabían que lo observaban minuciosamente. Se estaba convirtiendo en parte del elenco de la Bohème, de Puccini, Ópera que se ofreció para la reapertura del teatro Colón en Buenos Aires, dentro de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, el 24 de mayo pasado.

De esa manera, Kimi, aunque no lo sepa, entró a la historia , de la Lírica por la importancia de contar otra vez con semejante teatro; y a la de la ciudad, por lo significativo del momento histórico.


Kimi nos confirma aquello de que la vida siempre nos sorprende y nos lleva por caminos insospechados

Su dueño, en el video, cuenta las divertidas alternativas que llevaron al perrito a ese lugar, al que todos los artistas desean llegar: El Colón


Le doy las gracias al Licenciado Carlos Alberto Martínez, por dejarme grabarlo.




Aquí: parte del Sdo Acto de La Bohème. A disfrutarlo.




© Ana di Cesare

Biblioteca Miguel Cané

Los vecinos de Boedo hemos tenido muchos importantes motivos para enorgullecernos:
poetas, escritores, hombres de genio, teatros, cines,
una Universidad Popular, Peñas Artísticas.
De tantos que ayer fueron, subsiste la Biblioteca Cané, en Carlos Calvo 4321.

Muchos de nosotros -los que escribimos esta nota y quienes la leen- estamos habituados a acercarnos a ella, observamos que los concurrentes no son sólo de la barriada boedense. La biblioteca Cané centraliza a lectores que llegan desde la Provincia de Buenos Aires; muchos de ellos se lamentan de no ser vecinos de la ciudad porteña, pues eso les permitiría asociarse a la Biblioteca Circulante, tal es el prestigio que posee.
Aunque haya perdido el esplendor edilicio de otras épocas, nuestra biblioteca nació vigorosa y, su actual vigencia surge de la fuerza de su obra que la constituye en un centro del saber irreemplazable en la ciudad de Buenos Aires. Esto se refleja en las recordadas palabras con que el Intendente Mariano de Vedia y Mitre inauguró su actual emplazamiento el 6 de diciembre de 1935: “Por eso una biblioteca pública es algo más que un instrumento de cultura. Es efectivamente una manifestación de solidaridad, de la cooperación social y, en ese sentido constituye para el estado, llámese Nación, Provincia o Municipalidad, el cumplimiento del deber, y del deber hoy indeclinable” (sic)
Sus orígenes se remontan al 25 de junio de 1926, cuando se ordenó la instalación de Bibliotecas Municipales en los barrios industriales, siendo la primera en establecerse, la que fuera bautizada con el nombre de “Miguel Cané”, en Independencia 3899.
El aumento en la afluencia de público obligó a que la biblioteca se mudara a su actual sede, en la fecha antes señalada. A partir de allí y por algunos años vivió sus mejores momentos; testimonio de ello eran los servicios que prestaba a los lectores en las instalaciones que poseía. En aquella época se puso especial cuidado en lograr que fuera moderna en materia de luz, ventilación y atención para los 600 concurrentes diarios que las estadísticas indicaban (por la ficha que integra cada lector, se sabe que en una jornada excepcional, se registraron 1006).
Instalaciones
En la planta baja, se encontraba el salón de lectura, donde cada lector disponía de un escritorio con luz local y un accesorio que adecuaba la inclinación del libro; los ruidos del tránsito exterior habían sido reducidos con caminos de goma. También ocupaba dicha planta la primera hemeroteca fundada en Hispanoamérica, que recibía diarios y revistas de todo el mundo, con temas referidos a todas las ramas del saber y del quehacer humanos; estas publicaciones permanecían largo tiempo a disposición del público, coleccionándose luego las más representativas de cada país.En pocos segundos, el amplio salón de lectura se podía transformar en sala de actos públicos, con características de acuerdo a las circunstancias; tenía un escenario movible que se ampliaba o reducía de acuerdo a las necesidades, donde se ofrecían representaciones teatrales, proyecciones cinematográficas, conciertos musicales y conferencias. La cuarta dependencia allí instalada, era la oficina de informes, que proporcionaba al público, todo tipo de datos sobre servicios públicos del país y del extranjero.
En la planta alta, alejada de todo ruido, funcionaba una sala destinada a investigadores, que podían trabajar en la biblioteca como si fuera propia. Para 1936 se proyectaba una sala exclusiva para las investigaciones de historia nacional, como así también una conforoteca, donde se reunirían todas las conferencias realizadas en el país. En el mismo piso estaba la biblioteca circulante, que contaba en aquel momento, con 5000 volúmenes que se esperaba triplicar en un año; el movimiento de libros rondaba los 35 a 50 por día. La Dirección de Administración de la Biblioteca, junto a la Comisión Nacional de Bibliotecas ocupaban también el piso alto.
Finalmente en el subsuelo funcionaba la biblioteca infantil.
Servicios
Hoy resultan curiosos, aspectos y actividades que realizaba la Biblioteca Cané en aquellos años.
En las vidrieras, a la calle, se exponían las novedades recibidas.Había una sala de reparaciones, donde se arreglaban y desinfectaban los libros cada vez que habían sido usados.
Personal especializado traducía los títulos de los impresos que llegaban del exterior, pero si algún lector lo solicitaba se realizaba la traducción total del texto.
La Biblioteca aceptaba donaciones por mínimas que fueran, las retiraba del domicilio del donante, quien solo con un llamado telefónico concretaba el trámite.También aceptaba libros en depósito que eran devueltos en perfecto estado de conservación cuando los reclamaba su dueño, no obstante haber sido utilizados por el público. Este servicio era promocionado por la biblioteca.
Todo informe podía reclamarse telefónicamente o por correspondencia, en idioma castellano, alemán, francés, italiano, inglés y portugués. Aún sobre la circulación de medios de transporte de la ciudad.
En 1953, en su cede se fundó la Primera Biblioteca Municipal para ciegos, en la convicción de que las bibliotecas Municipales, debían abarcar a todos los sectores de la población.Hoy han desaparecido la hemeroteca, la sala de conferencias, la sala de investigadores, los pisos de goma, los dispositivos de comodidad de la sala de lectura; pero la Biblioteca Cané, sigue en pie, manteniendo sus dos condiciones esenciales: una importante colección bibliográfica y la esmerada atención de un personal calificado. Como ya hemos dicho, su fama ha trascendido los límites del ejido capitalino, y, para los porteños es la decana de las bibliotecas municipales, para el barrio de Boedo un orgullo tenerla dentro de sus tesoros culturales.
Nuestra permanente concurrencia al lugar para el desarrollo de nuestra tarea, nos convirtió en testigos circunstanciales del tremendo deterioro que la acción del tiempo produjo en el edificio. La Biblioteca estaba injustamente postergada, sufría carencias severísimas, en lo edilicio y estructural. Venía de un período de olvidos, situación que originó la serie de artículos que sobre ella escribimos, a partir de enero de 1993, solidarizándonos y, recordando a vecinos y autoridades municipales, lo que la “Miguel Cané” había significado en la historia y cultura de nuestra ciudad.
A pesar de los problemas, continuaba viva, nos contaba quien era entonces la Jefa de división a cargo de la Biblioteca, Sra. Roselba Martínez de Mac Lean, como la institución continuaba realizando tareas que iban más allá de la mera lectura.
En 1990 cuando Salas era Director de bibliotecas, y Antonio Requeni, padrino de la Migue Cané, se dictaron conferencias, se celebró por primera vez el “día del poeta”; se participó en el programa radial ”Che Buenos Aires”; se recibieron obras de concursos de cuento y poesía. En 1991, también se recibieron obras para el concurso de poesía organizado por la Dirección de Bibliotecas.
En el 93 funcionó la “Hora del Cuento”, donde niños de tres a diez años participaron dramatizando situaciones emanadas de las lecturas, coordinados por un especialista.
También se desarrolló una serie de conferencias sobre “la nueva forma de generar empleo”, dirigidas a adolescentes y público en general, cuya idea partió de la coyuntura socio-económica, que la Argentina vivía en aquellos días.
En 1992 la Biblioteca recibió un promedio diario de 70 a 80 lectores y se solicitaron unos 10 préstamos domiciliarios.
La atención se extendía a los tres niveles estudiantiles, incluyendo la biblioteca infantil para los más pequeños.
A su población general se agregan los investigadores que trabajan, por ejemplo, en sus tesis doctorales; personas muy ancianas que se vuelcan a la narrativa y viejos profesionales que estudiaron en su ámbito y pasan hoy a visitarla con afecto.
Para quienes la frecuentábamos en búsqueda de obras eruditas y específicas, era común asombrarnos ante los hallazgos. Obras de valor indiscutible, que el personal se preocupaba de poner a nuestra disposición con diligencia y actitud profesional.
De su colección bibliográfica se contaban entonces 45.000 títulos. Por su antigüedad son dignos de destacar, “Della eloquenza italiana” de Giusto Fontanini, editado en 1736; “Saggi di disertazioni accademiche” impreso en 1742.
Por otra parte, colecciones de gran calidad en historia del arte, literatura universal, letras argentinas e historia natural.
El nivel de preparación del personal, en aquellos días negros de su historia, era elevado, desde egresados de la carrera de Bibliotecología, estudiantes de la misma y de otras disciplinas universitarias. Recursos humanos, que a pesar de las dificultades estaba siempre pronto a multiplicar los auxilios para satisfacer las demandas.
Elogiábamos a todos, en aquellos días, sintetizándolos en la Srta. Susana Carp, quien siempre puso su erudición a nuestro servicio.Afortunadamente, en los años que siguieron, la biblioteca fue rescatada del olvido y, si bien no regresó a sus tiempos gloriosos, ha recuperado al menos los recursos para operar dignamente, con confort. Hoy, los talleres, las representaciones teatrales, conferencias, etc., se ofrecen, sobre una estructura edilicia adecuada y no en medio de las inundaciones, como ocurría. Nos ha tocado ver en los noventa, como había que correr apresuradamente los libros de lugar para que no los sepultara el agua.
Hay que reconocer al lector, al vecino, el reclamo que hizo posible ese cambio.Un empelado de lujoEntre 1937 y 1946, formó parte del personal, el escritor Jorge Luis Borges. En ese tiempo escribió: “La biblioteca de Babel”, “La lotería de Babilonia”, “La muerte y la brújula”, “Las ruinas circulares”, “Pierre Menard, autor del Quijote”, “Tiön Uqbar Orbis Tertius”. “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Ficciones”. De la misma época son: “antología de la poesía argentina” firmado junto a Bioy Casares y Silvina Ocampo y, notas que aparecieron en las revistas “el Hogar” y “Sur”.
En el anecdotario de la Biblioteca Cané, encontramos el escritorio y el tintero, que según los dichos fueron los usados por Borges, para escribir esa obras. Pero además, como se ayudó en los noventa, a un descendiente del Sargento Cabral a componer la biografía de su antepasado. Que en la década del 60 funcionó en el sótano el “Teatro libre del Oeste”; que en 1964, estuvo Sergio de Cecco con sus títeres.
En Mayo de 1990, Carlos Saura visitó el lugar buscando ambientación para filmar el cuento “Del Sur”. Un grupo del Centro parisino George Pompidou, atraído por el antiguo prestigio de la biblioteca. Concurrió a visitarla. Así como especialistas estadounidenses de la obra de Borges.La biblioteca tiene su cede en Carlos Calvo 4321 (1230) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tel: 4922-0202
© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo publicado en enero de 1993
*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

Boedo: Las Plazas que no fueron



En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir
los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.
El proyecto de un “Buenos Aires verde”
quedó archivado entre siete planos.



Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.

Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica".Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.

Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento.Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres.Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:

I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión". Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.

II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.

IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.

IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura. Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor.


En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.

Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.



EL PROYECTO EN BOEDO

Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:

1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.

2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.

3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.

4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.

5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.

6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.

7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil

Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.

Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.

La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo Publicado en septiembre de 1994

* Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

Festejos porteños por la Visita de Campos Salles

Foto: Obras en la Casa Rosada, para el recibimiento de Campos Salles
Siendo presidente de la República del Brasil, el doctor Manuel Ferraz de Campos Salles (1846-1913), arribó en visita oficial a Buenos Aires en 1900.
Inusualmente para el protocolo las autoridades prepararon un fastuoso recibimiento que fue origen de comentarios que perduraron por más de una década. En florido y brillante estilo las notas periodísticas describían los detalles del acontecimiento.

La llegada de Campos Salles fue un gesto de alta política que alivió el sentimiento preocupado de la población de Buenos Aires dominado por el fantasma bélico, resultante de los conflictos limítrofes existentes, aún sin solución. Esta visita retribuía la realizada el año anterior por el presidente Julio A. Roca a Río de Janeiro, ambas con finalidad de reforzar la concordia internacional.
Lo original de la llegada del presidente M. Ferraz de Campos Salles fue el recibimiento fastuoso, hasta la exageración, que se le brindó aquél 25 de octubre de 1900.La comitiva presidencial lo recibió en el recientemente construido Puerto Madero. Desde donde fue conducido al palacio Devoto que se hallaba en la esquina N.O. de avenida Callao y Charcas, cedido por su dueño a la Comisión de Homenaje, para ser puesto a disposición del mandatario brasileño. El trayecto estaba recubierto de flores y engalanado con arreglos especiales, ordenados por el intendente Adolfo J. Bullrich.
Este suceso motivó la filmación del primer noticiero argentino realizado por el fotógrafo Eugenio Py. Se registraron las principales escenas del desembarco del visitante, y esa misma noche, se proyectaron en la Casa de Gobierno.Los efectos luminotécnicos constituyeron el detalle más sobresaliente de aquella faraónica recepción: los arcos voltaicos y las luces de bengala iluminaban, otorgándole un brillo especial a la flota fondeada en el río. La luz fue el epicentro de la celebración y vehículo del ánimo bullicioso del pueblo.Los árboles de la Avenida de Mayo, parecían plumeros iluminados; la Avenida callao mostraba columnas transparentes con guías formadas por lamparitas eléctricas, revestidas de celuloide con los colores argentinos y brasileños.
En el Palacio del Congreso –aun en construcción- se instaló un poderoso foco que iluminaba en toda su extensión a la Avenida de Mayo. Un dispositivo permitía girarlo hacia el norte y, entonces su haz llegaba hasta el Palacio Devoto donde se alojaba Campos Salles.
El centro de la ciudad recibía la luz de 70.000 lámparas eléctricas y 20.000 antorchas, volviendo imposible el reflejo de sombras en su perímetro. En la Plaza de Mayo, la pirámide fue recubierta por un armazón metálico construido especialmente para sostener las luces que la iluminaban; es el mismo que actualmente se utiliza como jaula para los cóndores en el Jardín Zoológico de Buenos Aires.

En su permanencia de diez días entre nosotros Campos Salles, de seguro encandilado por tanto resplandor debió cumplirun nutrido programa de actos, dentro y fuera de la ciudad. Estuvo en Talar de Pacheco, en el Mercado Nacional de Frutos, en la Exposición Rural Argentina y en la estancia La Martona de Carlos Casares. Asistió a un banquete en la Casa Rosada, a una recepción en el Centro Naval; a la velada de gala en el Teatro Opera y al baile del Jockey Club, que organizó en su honor una carrera denominada: Gran premio internacional. El programa de agasajos incluyó una parada militar, un corso de flores y un desfile de ciclistas.
El boato que el gobierno argentino desplegó para recibir al mandatario brasileño, fue objeto de críticas durante mucho tiempo.Tal es así que doce años después todavía se oían comentarios sobre el vestíbulo rojo, los granaderos de gran gala, pajes, alabarderos, una pomposa marquesina en la escalinata norte de la Casa Rosada que contenía una galería tropical.
Por su impacto en la ciudadanía de aquellos tiempos, quedó fijada, también, la ostentación del ropaje de las damas que lucían “crepe de Chine” brocato, raso, lamé, diademas de brillantes, vinchas de perlas, gasas, tules, etc.La ironía de tanto esplendor imperial, le hizo decir a un cronista en la segunda década de este siglo “¿Qué diablos les costaba haber puesto un ujier? Buenos Aires está lleno de pelagatos que hubieran hecho un buen ujier por sólo dos o tres pesos y una cosa de vino que les diesen al salir”
© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna
Versión para Internet del artículo publicado en Febrero de 1993
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La casa mínima

12 de diciembre de 2008



En la cortada San Lorenzo Nro.380 (San Telmo), se encuentra la casa más angosta de la ciudad, apenas 2,30 metros de frente, que disminuyen hacia el interior a causa de sus gruesos muros de 45 cm de ancho.

Acerca de su origen los historiadores no se han puesto de acuerdo. Para unos, es el residuo que quedó luego de las múltiples subdivisiones que sufrió el predio que en un principio la contenía. Para otros, era casa de libertos.

Cuando los esclavos adquirieron su libertad y, en muchos casos debieron procurarse una vivienda, sus viejos amos, les concedían una pequeña porción de terreno dentro de sus propiedades, para que la edificaran, cuando el liberto fallecía, ésta regresaba a manos del donante.

Esta extraña casa parece haber sido construida hacia 1850. En su mínimo terreno de 13 metros de largo, tiene en la planta baja un hall, patio y cocina; en altos, una habitación a la que se accede por una escalera caracol.

La leyenda cuenta que le perteneció a un esclavo de Urquiza, pero más allá de la realidad histórica y del mito, nos quedamos con las palabras que sobre ella dijera Baldomero Fernández Moreno: “ Más que una casa (…) es una fisura que llenaron de ladrillo y cal para que no se vea el azul del cielo”.


© Ana M. di Cesare
© Galaxia Porteña

Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña, Ano 1, Nro 5, Septiembre de 2004

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La Plaza 1 de Mayo

12 de marzo de 2008




Esa, ubicada entre las calles Pasco, Pichincha, Alsina e Hipólito Irigoyen, tiene unos secretos, disimulados por el paso del tiempo y los juegos infantiles.

Antes de ser una plaza sin otra particularidad que no abarcar la totalidad de la manzana en que se emplaza, fue el segundo cementerio de disidentes, y allí estuvieron los restos de la esposa del Almirante Guillermo Brown.

La historia comienza cuando en 1833, los protestantes buscando tener otro enterratorio, porque el primero próximo al Socorro, estaba inoperante, compran la chacra de De La Serna y, oficialmente termina cuando en 1869, se clausura.

Pero en realidad la última inhumación es de 1892, o sea 23 años después de las disposiciones oficiales. La Municipalidad quería transformarlo en una plaza e insiste varias veces en comprarlo entre 1901 y 1921, en que por fin, llega a un acuerdo con la Corporación de Disidentes.

En 1923, se da por terminado el traslado de los restos. Pero no de todos, porque a los que no fueron reclamados se los dejó descansando en su destino primero. Entre ellos, posiblemente, los de Elisa Chitti de Brown, que se extraviaron. Una placa recuerda ese singular hecho.




Así, la pequeña placita, que alza sus árboles a un cielo distante, entre tanto cemento, cambió sus aires de dolor y pérdida por las risas de los chicos y salió ganando.






© Ana María di Cesare
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Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña, Año 2, Nro 20, Diciembre de 2006

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Los Terceros

12 de marzo de 2008
La inventiva popular dio el nombre de “Terceros” (así se llamaba a los recolectores de basura), a tres arroyos que cruzaban la ciudad, en los cuales los vecinos echaban los desperdicios.

El Primero o “Tercero del Sud”; corría desde la Plaza Constitución hasta la calle México, torcía por Chile y desaguaba en el zanjón del hospital y por éste sus aguas llegaban al río. Este arroyo venía a poner límite entre la ciudad y el arrabal.. Cuando llegaban las épocas de lluvias, desbordaba. De modo que el Virrey Vértiz hizo construir un uente a la altura de las calles Perú y Chile, para facilitar el tránsito.

El Segundo o “Tercero del Medio”, se iniciaba por la actual plaza Congreso, zigzagueaba por las actuales Corrientes, Libertad, Tucumán, Cerrito, para formar un bañado en la plazoleta de Viamonte y Suipacha, desde allí seguía por el zanjón de Matorral, hasta el Pasaje Tres Sargentos y desaguaba en el río.

El Tercero Manso, o, de “Goyo Viera”, juntaba el agua de tres lagunas, en lñs esquinas de las hoy Saavedra y Belgrano, se ampliaba en un bañado en Anchorena y Corrientes, Pasteur y Córdoba y dando una serie de vueltas, pasaba por detrás de la Recoleta, para desaguar en el Río de la Plata, a la altura de la calle Austria.

Existen hoy entubados… Pero el del medio, al parecer el más rebelde, no quiere ser olvidado y desde su prisión el murmullo de su queja, se escucha aún, en la Cortada Tres Sargentos.




© Ana María di Cesare
© Galaxia Porteña


Resumen de articulo: Revista Galaxia Porteña, Año 1, Mrp 3, Julio 2004

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Corridas de Toros

8 de marzo de 2008
En nuestra ciudad hubo corridas de toros, desde la fundación. Durante mucho tiempo se realizaron en un ángulo de la actual Plaza de Mayo, frente al cabildo, para celebrar algún acontecimiento relativo a la corona. Se armaba una construcción precaria que aparejaba contratiempos, por lo que se pensó en dotar a la ciudad de un lugar permanente.

Así en 1791 comenzó a funcionar en el “Hueco de Montserrat” la plaza con capacidad para 2000 espectadores. Estaba emplazada al sur del actual edificio de Obras Públicas, próxima a la célebre calle del pecado.

A los pocos años, los vecinos dirigieron un memorial al virrey. La vida, con la plaza, se les había vuelto insoportable, la zona era una refugio de mal vivientes; reiteradamente los toros bravos, traídos desde Chascomús, se fugaban, poniendo en peligro a la población. Y por último, los animales muertos en las corridas, permanecían abandonados en los alrededores de la plaza, envenenando el aire.

Tan contundentes fueron los argumentos, que en 1779, se ordenó la demolición. Las corridas continuaron (en el barrio de Retiro y en Barracas), hasta que una ley de Martín Rodríguez, en 1822, puso fin definitivamente a una práctica tan cruel.



© Ana María di Cesare
© Galaxia Porteña

Resumen de artículo, Revista Galaxia Porteña, Año 2, Nro 17, Septiembre de 2006

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LA BOCA

11 de diciembre de 2007


Según Elisa Calderón, la historia de la Boca estuvo siempre ligada al Riachuelo y aunque en ese rumbo desembarcó Pedro de Mendoza, fue Garay, quien le dio propietario: Alonso de Vera y Aragón, que nunca la ocupó. Hubo que esperar que “ la porteñidad “ creciera, desalojara indios y edificara chacras, para comenzar a verla poblada. En 1810 la exportación de cueros, charqui, crin y sebo, le instaló, almacenes, saladeros y curtiembres. Así comenzó la contaminación de las aguas, que no cedió cuando en 1868 se prohibió esa actividad, porque se aseguraba su continuidad con el petróleo.

Ya en tiempos de Rosas la presencia genovesa, era notable; luego llegarían italianos de toda la península, vascos, bearneses. Finalmente: servios, montenegrinos, turcos, griegos, albaneses, búlgaros, que se fueron desplazando hacia el Dock Sur.

Hacia 1900, en los cafetines musicales del cruce de Suarez con Necochea, comenzaron a alternarse los tanguistas, que solo en La Boca, constituían sus orquestas con guitarra, armónica y clarinete. Fueron evolucionando estos grupos precursores, abriendo el camino para la llegada de los bandoneones de Spósito, Arolas, Greco; más tarde para orquestas canyengues como la de Maglio, que atraían muchachada de todo Buenos Aires, agregando tumulto al ya escandaloso escenario nocturno boquense, según nos testimonió Juan S. Tallon. Esos jóvenes llegaban a los cafés, horas antes que comenzaran las funciones, muchas veces interrumpidas por trifulcas que terminaban en hechos de sangre.

Lentamente La Boca cedió hegemonía a otras zonas de la ciudad y serena ya, generó también a un Juan de Dios Filiberto.




© Ana M. di Cesare

Resumen de artículo: Revista Universidad del Tango

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